lunes, 14 de enero de 2019

Hoy cumplo años.

     Es verdad. 
Hoy cumplo tantos años que me parece que les voy a perder la cuenta. Total ¿Para qué contarlos? A veces me parece que viví dos o tres vidas otras, y esas son las peores, que todo transcurrió en un instante. Tan rápido que siento que  la vida es una gran timadora. Que con artes, que sólo ella sabe utilizar, te va llevando a su ritmo, bailando el baile que ella dirige y del que, sepas o no la música, tienes que moverte a su son.
     Pero...saltándome esta prosa tan literaria y manida con la que he comenzado y haciendo un ejercicio de sinceridad, por lo tanto abandonando el pudor de la intimidad, he de admitir que la Vida, ahora sí con mayúsculas, ha sido muy benévola conmigo. Me ha dado abrazos amorosos que perduran. La certeza, sin falsos complejos, de sentirme amada. Cariños antiguos que son amarras seguras donde me siento protegida y que tienen el valor inestimable de la permanencia. Cariños nuevos en los que me miro y aprendo un poco cada día.
     Me ha dado lágrimas de pérdida, dolor, desconsuelo. Me ha dado añoranzas de caricias que, por lejanía geográfica, no puedo dar ni recibir. Me ha dado rabietas -políticas, por ejemplo,- pero reuniendo todos los ingredientes a esa masa madre con la que me forjaron y con lo que he vivido tengo que anunciar a todos los que amo, y me aman,  a todos los que respeto, y me respetan, que mi Vida valió la pena y que mi corazón continúa siendo esa gran pensión llena de cuartos en donde cada una de las personas que estimo tienen su cama y, si se tercia, una comida diaria.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Buenos Aires ¡Qué linda sos!


         Me lío con las herramientas. Cuando pretendo volver a los orígenes de este blog, un viaje se mete por el medio y mi necesidad de contarlo, para poder revivirlo de vez en cuando, me cambia los esquemas iniciales.
          Esta vez no salí de América del Sur pero me moví mucho, tanto como los 2.236 kmts que separan la ciudad de São Paulo en Brasil de la capital argentina. Antes de volar a Buenos Aires hicimos una parada estratégica en Sampa, alojándonos en un hotel del barrio donde mi querida Carla vivió durante su infancia. Jardins; una zona tranquila y, al mismo tiempo, vecina de esa gran Avenida Paulista donde todo, o casi todo, ocurre.
          Hicimos lo que cabía, un poco cansados después del viaje desde el litoral, hotel, ducha y a caminar hasta la famosa avenida. Para ellos; Carla, Guca y Camila, un paseíto de nada. Yo me ví subiendo una calle que me pareció poco menos que la subida al Veleta pero que vencí con un espíritu de escaladora que debió entrar en mí sin darme cuenta apenas. Domingo noche y por la paulista, paseaba gente de lo más variopinta. Todas las tribus que conozco, y alguna que otra desconocida, llenaban las terrazas de los bares y restaurantes en este invierno de 24 grados. Grupos de personas sentadas en el suelo escuchaban atentamente las canciones de algún cantautor. Uno sonaba muy bien. Me recordó los comienzos de algún artista, hoy  famoso y reconocido en todo el mundo. Mucha vida, como si fuese víspera de fiesta. Como si todo lo que importase se citara allí, en esa noche de domingo. Cenamos y, como era tarde para una visita a un centro cultural, dentro del buen abanico que la Paulista ofrece, nos metimos en un cine. Entre las películas que nos interesaban, por horario, nos decidimos por "Desobedience" del chileno Sebastián Lelio. Nos gustó a todos y yo aprendí algo sobre las comunidades judías que desconocía. Pero eso lo dejo para después...hay tantas casualidades!
                                 
 Buenos Aires, sus barrios y comunas
            La ciudad autónoma de Buenos Aires se divide en barrios y a su vez en distritos. Buscando la casa museo de Carlos Gardel sentimos lo que eso quiere decir. Pertenece al distrito -no oficial- de Abasto, entre los barrios Almagro y Balvanera. Hasta encontrar la calle Jean Jaurés, donde se encuentra el museo, pasamos por el distrito Once ¡menudo lío! como para ir sola. Lo cuento por la casualidad con la película de la que hablaba antes. Allí hay una importante comunidad judía ortodoxa y, tal como supe por el film, se ve a los hombres con sus negros sombreros, o el tradicional kipá y a gran parte de las mujeres con "scheitel", que es como llaman a la peluca. Una forma de modernizar la costumbre de cubrir el cabello con pañuelos, después del casamiento.
Así era el edificio de Abasto
Así es hoy. Una moderna galería comercial.

Carla ante una casa enfrente a la de Gardel
Casa Museo de Carlos Gardel
Una esquina "tanguera"en el barrio
             Por fin llegamos a la  casa donde vivió con su madre, el hombre que llevó el tango desde su humilde calle en Abasto hasta el último rincón del mundo.  En el
año 2003, esa casa se inauguró como museo y hace parte del Patrimonio Cultural.
          Tengo que reconocer que cuando Guca me preguntó por teléfono  ¿Qué te apetece hacer en Buenos Aires? yo puse el tango en primer lugar.  Me viene de familia. Por eso he empezado por aquí. Por donde debía, haciendo un homenaje al mejor.
 
…“Se preguntarán ustedes por qué no resido en la Avenida Alvear, en el mejor chalet que se pueda hacer, pero les diré que vivo en este modesto barrio obrero porque es mi querido barrio, donde yo cuando purrete pasé momentos de felicidad que hoy, con todos los pesos que tengo en el banco, no puedo comprarme una hora de aquellas…Además quiero a este barrio mío porque es reo del mismo tango…” Guardé esta frase de Gardel, que leí en su casa, porque me gustó: aquí os la dejo.

 No estoy siguiendo un orden cronológico de los días que pasamos, y disfrutamos, de la ciudad de Buenos Aires. Se me fue la idea trás la música de un bandoneón. Volveré a ella pero por ahora voy a contar otras cosas.
Plaza de Mayo. Camila ante la Casa Rosada
                 Nuestro hotel, de la cadena Unique, un edificio en la calle peatonal Florida, a dos pasos  del centro neurálgico de la ciudad. Esto es, vecina del Obelisco por un lado y por otro al maravilloso teatro Colón. Y a unos pasos más, por decir algo, de la Plaza de Mayo, con la Casa Rosada, Catedral metropolitana...etc. Tiene un sabor "art déco" que me pareció bastante atractivo. Al conocer las habitaciones me di cuenta que no era sólo sabor. Debió ser un hotel de los años 30/40 del siglo pasado, adaptado a las necesidades modernas. Acogedor, sería el adjetivo más apropiado. Y, debido a la vecindad, nos dirigimos hacia ese centro que tanta historia concentra.        
Pza. de la República. Entre Corrientes y la Av. 9 de Julio

En la Plaza de Mayo se originó el primer asentamiento. Corría el año de 1580. Puede decirse que allí se fundó la ciudad de Buenos Aires. Pero su nombre  actual se debe a la Revolución de Mayo de 1810, que originó la independencia de la corona española. ¿Por qué me parece tan digna de mención esta plaza? Porque fue el lugar donde se concentraron los más importantes acontecimientos de Argentina. Mi edad me permite recordar, aunque sin nitidez, la fuerza de Eva Perón ante "sus descamisados" Pero lo peor, es que recuerdo, y eso sí en toda su nitidez, la avalancha de pañuelos blancos, lágrimas engullidas y gritos ahogados clamando justicia. Tiempo inícuo de la dictadura militar capitaneada por Videla.
Pza. de Mayo Integración de dos épocas
Si hay un infierno, en el que no creo, aquellos que lo provocaron en la tierra nunca saldrán de él. Bueno, lo siento, he permitido a la Coque política asomar la cara. Continuemos con el buen rollo de esta magnífica ciudad.
La plaza y sus aledaños tienen una gran importancia arquitectónica por su variedad de estilos y edificios emblemáticos. El centro lo ocupa la pirámide de Mayo y la estátua equestre del general Belgrano. La Catedral Metropolitana me llamó la atención por su arquitectura neoclásica que recuerda poderosamente al Panteón de Agripa en Roma.

Catedral Metropolitana
Tribunal Superior de Justicia

Esta plaza está rodeada de edificios singulares. Algunos del siglo XIX que, por obra y gracia de la arquitectura, crean armonía con la actualidad. Si en un principio me inquietó, una mirada demorada y sin prejuicio me hizo reconocer su diferente belleza. Hay una especie de refrán que aconseja: "renovarse o morir". No se a quien se le ocurrió pero tengo que admitir que sabía lo que decía.
                            La recomendación de un restaurante, Villegas, nos llevó a Puerto Madero. Una de las zonas más exclusivas para vivir en la capital porteña, que creció en la cercanía de las cuidadísimas docas del Río de la Plata -frontera natural con Uruguay, un país que "casi" conozco en este viaje- En el dique 3, el español Santiago Calatrava construyó el Puente de la Mujer que a mí, que no me encanta todo su trabajo, me pareció precioso. El día muy frío. El restaurante excelente.
     
Puerto Madero
Detrás el Puente de la Mujer
La Boca. Caminito
Esa misma tarde fuimos a conocer uno de los barrios más típicos de Buenos Aires. Seguramente el contrapunto de lo que dejábamos atrás.  La Boca. Hablar del barrio de La Boca es hablar de historias de inmigrantes. De gente que llegada desde Europa, principalmente Italia, organizaron sus vidas y soñaron sus ilusiones en aquellos  frágiles "conventillos" que servían de vivienda para familias enteras. Entre proyectos, leyes y trabajos de modernización, el núcleo, hoy centro de turismo obligado, permanece. 

...Y el tango surge de nuevo









Para algunos La Bombonera y Maradona, son los nombres que más suenan  cuando se habla de La Boca. Pero es muchísimo más que eso. La Boca es vivir de una forma diferente, tal vez con la imaginación. Después de un chocolate caliente en el café más parecido a la salita de una casa humilde, un caballero, que se presentó como Guillermo, me pidió permiso para darme un abrazo. Se lo dí, me lo dió. Pues eso, La Boca es diferente.


Un restaurante típico, sus "gentes" y sus labores
Maradona, Evita y Gardel ¡Qué loco!
                  







Corrientes 348 sin gato de porcelana
Tengo la impresión que las calles en Buenos Aires son interminables. Algunas cruzan barrios enteros, cabalgan avenidas y tienen más números que la lotería de navidad. Por ejemplo; Corrientes, que pasa de calle a avenida como si tal cosa. Estaba bien cerca del hotel. Caminé un poquito por ella por aquel recuerdo romántico de "...Y todo a media luz"...¡Ay mi fijación con el tango! Digo que caminé un poquito, pero quien sí se hizo el medio maratón fueron Carla y Guca, buscando el nº 348 por aquello del bulo de su inexistencia. Lo encontraron, convertido en un triste garaje, sin gato de porcelana que maullase al amor ni nada de nada.
                    Y como un turismo, como debe ser, tiene que  pasar por la gastronomía también, hicimos recorridos para todos los gustos. Desde excelentes restaurantes especializados en asado argentino, en los que sólo de ver el tamaño de la pieza sentía la necesidad de hacerme vegana ¡gracias Guca por la ayuda! hasta el más humilde y pequeño establecimiento. Este, el pequeño, es de visita recomendada para comer las mejores empanadas catamarqueñas.Y ahí me entra en la memoria la voz de Cafrune:
La Brigada. Futbol y carne. Estamos en Argentina
"Paisaje de Catamarca
con mil distintos tonos de verde.
Un pueblito aquí, otro más allá
y un camino largo que baja y se pierde"
...Y pedí el menor...
         











Quince personas, lleno total.

Galerías Pacífico, cabalgando por tres siglos.    
Para reír. Letrero en  "El Locro"
      
          No me considero especialmente golosa pero allí los dulces tienen delito. Y lo cometí. El dulce de leche, y todas las maravillas que hacen con él, justifican, creedme, el pecado. Y aprovecho este momento dulce para contar la historia de un sabor, de unas bellísimas galerías comerciales y un nombre.

Todo un mito tanguero
Alfajores; hasta los menos "dulceros" se rinden a su  gratísima sensación. Galerías Pacífico; un centro comercial insólito dentro de ese mundo en el que, siempre digo, no me perdería. Se construyó en el centro de la ciudad en el siglo XIX y ya en el XX, prestigiosos pintores argentinos se ocuparon de sus bellos murales. Por último, el nombre "cachafaz". Según la mitología tanguera se trata de un pillo, insolente, y descarado. Extrañé tanto el nombre que en la Casa Museo de Carlos Gardel, se lo pregunté a uno de sus funcionarios. El motivo de mezclar los tres elementos es que, en un café Cachafaz, de las Galerías Pacífico, Guca se lió a comprar alfajores, de casi todos los sabores que encontró, para que me los trajese a España.
Museo de Arte Latinoamericano
Guca y las aspiraciones feministas
                 Carla, que vino con los deberes hechos de casa sabía, además de los restaurantes, todo lo que debíamos conocer aprovechando al máximo el tiempo que teníamos y, la verdad, es que se superó. Una visita al MALBA , Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, me descubrió a la fotógrafa Sara Facio y su dedicación a la política de Juan Domingo Perón, desde el poder y desde la calle. También se exponían trabajos del panameño Richard Prince y la norteamericana Cindy Sherman. Como siempre, algunas cosas me gustaron y otras no tanto. Pero sí me gustó el museo y algunas piezas de su propia colección. A la salida, una asociación feminista nos pidió que escribiéramos una reivindicación para sus trabajos de estadística. Carla y yo colaboramos con gusto y a Camila, si la dejan, todavía estaría allí colocando sus notas. ¡Grande, esta jovencita comprometida!
                          Como ya he dicho, la cultura y el cuidado de todo lo que tiene a ver con ella se siente en la ciudad y en las personas. Me gustaron, de modo particular, los antiguos cafés cuyo aspecto actual parece que no se diferencia del del día que se inauguraron. Voy a detenerme en el Café Tortoni.
Entrada Café Tortoni. Inaugurado en 1858

Interior Café Tortoni
Fue nuestra mesa
                       












          Existe una lista de "Bares Notables" en Buenos Aires que, de tan extensa, pienso que pocos serán los que la conozcan al completo incluyendo a los propios bonaerenses. Creo que uno de los más antiguos, sino el que más, de los locales que hablo, es el Tortoni, en el número 825 de la Avenida Mayo.  Allí se dieron cita grandes nombres de la cultura como Alfonsina Storni, Juana de Ibarborou, Arthur Rubistein, Ortega y Gasset, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar...y tantos otros que necesitaría muchas páginas para nombrarles. Entre 1923 y 1943, el pintor Benito Quintela Martín organizó una de las peñas literarias mas interesantes de su tiempo. Ese mismo pintor que da nombre al Museu de Bellas Artes en La Boca. La tarde que fuimos al Tortoni estaba lleno, como es habitual. Conseguimos una mesa a la derecha, casi al final de la sala y ¿queréis saber cual era? pues, ni más ni menos que la de Federico García Lorca. Uno de mis  poetas del alma. Emoción pura. Refiriéndose al café, el poeta y catedrático,  Baldomero Fernández Moreno lo recordó así:
...A pesar de la lluvia yo he salido
a tomar un café. Estoy sentado
bajo el toldo tirante y empapado
de este viejo Tortoni conocido...
Café más que notable
Fachada del magnífico Teatro Colón










El Colón, entre los diez mejores teatros del mundo
Gran cúpula con pinturas alegóricas
        Una noche inolvidable comenzó con una cena ligera en el café restaurante Petit Colón. Otro de los bellísimos establecimientos de la ciudad que, a pesar de no tener más de 50 años, nos retrotrae facilmente al siglo XIX. Su exquisita decoración a base de maderas nobles, vitrales e iluminación, lo consiguen plenamente. Pero digo que la noche comenzó porque la continuación fue un verdadero placer. De esos que permanecen en el recuerdo para siempre. No voy a reproducir aquí la historia del teatro Colón porque todos podéis buscarla.Tampoco voy a intentar nombrar ni siquiera una parte de la inmensa lista de los más prestigiosos artistas, los conciertos o las óperas que durante más de cien años en él se presentaron.
Foto de la página del Teatro Colón
            Lo que sí os digo es que que la experiencia fue un regalo que guardaré en ese lugar de las memorias especiales. De 1857 a 1888 funcionó en otro edificio en la Plaza de Mayo. A partir de entonces, y hasta su inauguración en el 1908 se realizó la construcción del que está considerado como uno de los cinco mejores teatros del mundo, en su emplazamiento en el barrio de San Nicolás. Y ahora vuelvo yo a mi confusión con los barrios de Buenos Aires. Si el teatro está en San Nicolás y el hotel -a dos pasos- en Tribunales ¿en qué línea imaginaria cambió? Mejor lo dejo porque me confunde muchísimo.
El Ateneo. Un joya guardadora de libros
           El programa de ese día era un concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. El director invitado, Juan Carlos Izquierdo y Fernando Ciancio solista de trompeta. Dos piezas escogidas de Haydn entre la sinfonía "Oxford" y el Concierto para trompeta y orquesta en mi bemol mayor, donde brilló el solista. El Tarco en Flor de Luis Gianneo, una novedad absoluta para mí porque no le conocía y, por último la sinfonía nº 38, más conocida por "Praga" de Mozart. No se si es común a la mayoría de la gente pero yo disfruto mucho más de la música clásica cuando la conozco o, al menos, me suena conocida. En este caso, reconozco que me lo pasé muy bien. En los intervalos, mi mirada se colgaba de la cúpula intentando reconocer todas las alegorías a la música, el canto y el baile, pintadas por Raúl Soldi. Un apunte digno de mención es la cantidad de jóvenes que vi en aquel teatro casi abarrotado. Una buena lección para esos "carcas" que pasan la vida metiendo en el saco de la inutilidad a la juventud.
          Tengo la suerte de conocer dos de las más bellas librerías del mundo, según todos los rankings. Una es la Lello de Oporto, donde pasé muchas horas, que aún me saben a poco, y que se ha hecho famosa por varias escenas de la saga cinematográfica de Harry Potter. En la otra, la que me ocupa ahora. El tiempo fue mucho más corto pero el suficiente para darme cuenta que estaba en otro templo de la cultura. Perdón por la cursilería, pero si un templo es un lugar de veneración y la literatura es mi forma de arte preferida, no encontré otra forma de expresar el sentimiento que me produjo El Ateneo.
Camila escogió un libro para regalar al último miembro de la familia -que entonces no había nacido- Vera, ojalá que, cuando lo puedas leer, te guste tanto como a nosotros. "Cuentos de Buenas Noches para Niñas Rebeldes" Una preciosidad editada por Planeta. Su autora Elena Favilli con deliciosas ilustraciones de Francesca Cavallo

Cúpula de El Ateneo
     
Donde el libro es protagonista dentro de un espectáculo grandioso
...En un jardín oriental
Romance en japonés
          No creo que consiga contar todo lo que vimos, oímos, comimos...etc en este espacio que ya se está alargando. Como dije antes, aprovechamos todos los momentos para intentar conocer esta bella ciudad pero, claro, nadie ha inventado aún hacer del tiempo algo elástico y los milagros han pasado de moda.
Carla y Guca fueron a conocer un precioso -las fotos lo acreditan- jardín japonés, mientras Camila y yo nos dedicamos a perdernos. ¡Ups! esto era secreto así que no digo nada más. Sólo que volví a
comprobar que la idea que me llevé del ciudadano bonaerense estaba acertadísima.
Tango en Tortoni. En una mesa Storni, Borges y Gardel
Un pequeño escenario muy tanguero
             La noche de tango prometida la cobré, y bien. Era el último día y parecía imposible encontrar entradas para los espectáculos más recomendados. Por fin, y casi agotadas las posibilidades, surgió la idea de que el Café Tortoni tenía una pequeña sala-teatro dedicada al tema. La suerte estuvo de nuestro lado porque, para el pase del final de la tarde y trás algunas enrevesadas maniobras de mis chicos queridos, lo consiguieron. Y a mí, que me había enamorado el local, me pareció una idea genial.

     Tuvimos que hacer una cola considerable, que no insoportable, hasta entrar en la sala Alfonsina Storni que le da nombre. Sólo por el recuerdo ya dan ganas de quedarse. Y lo hicimos. Tres figuras ocupaban la primera mesa a la izquierda; la propia Alfonsina, Jorge Luis Borges y Carlos Gardel. Trás la sorpresa, la sonrisa y la constatación de que hay quien sabe trabajar el parecido con bastante éxito- esto es una crítica a algunos museos de cera que conozco "Pongamos que hablo de Madrid"- Varios números de baile, más o menos escenificados, un poco de milonga y un mucho de tango, con una excelente voz masculina. Me supo a poco y la sonrisa de complacencia que me quedó, tardó en desaparecerme de la cara. .
            La estatuas en Buenos Aires son un punto y aparte. Hay un Paseo de los Artistas, que desdichadamente no dio tiempo a conocer, y recuerda a sus músicos, literatos, pensadores... Pero por toda la ciudad conviven antiguas estatuas de prohombres y otras alegóricas, con modernas figuras que el pueblo recuerda y respeta. Prueba de ello es la figura de Horacio Ferrer, ese uruguayo/argentino que tanta poesía aportó al tango y que está ahí al ladito del Tortoni, vigilando que la canción no pierda su alma. A una de sus letras más hermosas, el genio de Astor Piazzola aportó la música y salió esa maravilla que es la "Balada para un loco". No voy a escribirla aquí, es larga, pero os aconsejo a buscarla y espero que os guste tanto cuanto a mí. Dejo un pequeño apunte:
Horacio Ferrer. Un poeta enorme.

...Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao.      
 No ves que va la luna rodando por Callao
que un corso de astronautas y niños con un vals
me baila alrededor...Bailá...Vení...Volá...

          ...Y pasaron los días, tan rápidos que hoy no comprendo las matemáticas insoportables del tiempo. Debe ser porque todo fue perfecto. Porque yo, desde niña tenía añoranza, sin conocerlo, de Buenos Aires. Porque estuve allí con una compañía que sólo el amor puede hacer posible. Gracias por esta nueva experiencia ¡Caray! Yo debía haberme licenciado en "viajera permanente" pero creo que no existe el curso, me iré conformando con lo que hay.
             A modo de anécdota: A los conductores de servicios públicos bonaerenses -taxis- les encanta hablar y he de reconocer que, sobre todo en los largos viajes de ida y vuelta al aeropuerto Ezeiza, ejercieron bastante el gusto por la oratoria. Claro que la política estuvo en el centro. Como siempre. Como en todas partes. No recuerdo la palabra exacta, pero el chascarrillo entre Cristina Kirchner, y las críticas a prácticas poco recomendables en elejercicio de su cargo, estaba en el quiz de la cuestión de todos ellos. Y algo que intuía y pude comprobar es que Eva Perón, siempre llamada Evita, continúa en el imaginario de mucha gente. ¡Gente de 30/40 años! La fuerza de un mito.
Restaurante Villegas. Puerto Maduro
               Me voy a despedir con una pequeña traición. Perdona mi queridísima Camila pero alguna foto tenía que poner aquí y agradece que no incluya aquellas de tus espantadas.
                    
Carla, Camila y el frío casi polar
...Por poco...
 Un señor de media edad, encantador para más señas, debió notar en algún momento de mi conversación que era española. Ironías aparte; juro que yo sólo hablaba portugués. Nos comentó que conocía España, estuvo en Madrid y le pareció una bella ciudad "muy porteña". No respondí nada. ¿Pára qué? Él acababa de piropear a la capital de mi país de la mejor manera que se le ocurrió. ..Hay cosas...
Y ya están ahí los Juegos Olímpicos de la Juventud
En el avión, de regreso a Brasil, se me ocurrió que debía haber llevado la dirección de Diego Karnoubi, un estupendo poeta con el que he colaborado intentando traducirle y una persona que admiro y estimo sin siquiera conocer personalmente. Cosas extrañas de la vida. No me lo perdono. Cuando salgo de viaje dejo casi todo atrás y, de repente, ocurre algo así. ¡Suerte Diego!
           Termino, declarándome enamorada del arte argentino, del cine, la música, la pintura o la literatura. De toda expresión artística culta o popular. Pero ese sentimiento, como ya dije, lo tengo desde niña. Ahora he podido pisar las calles de mis tangos, respirar el aire de mis escritores u oír el deje del hablar porteño, por ejemplo. Sólo me queda agradecer a mi gente que es mi vida y a la Vida que continúa dándome tanto.

jueves, 8 de marzo de 2018

8 de marzo

       Desde octubre que no he entrado aquí y no se bien por qué. Probablemente no tenía nada que contar, o sí y me lo guardé egoistamente para disfrutarlo o padecerlo en soledad. Hoy he sentido la necesidad de volver al blog, mío y vuestro, para hablar un poco de política. Porque, al fin y al cabo, toda manifestación ciudadana es una cuestión política.
                     En esta fecha se celebra el día de la mujer. No en todos los países, tampoco se celebró en España durante aquellos años grises en que no se celebraba nada aparte de procesiones y alguna que otra fiesta comarcal. Desde hace unos días se oyen los comentarios más surrealistas para minimizar el significado de la huelga feminista que se estaba preparando: "Yo voy a hacer la huelga a la japonesa, trabajando más horas" "Me siento etiquetada con la palabra feminismo y no me gusta" Hasta hubo quien, habiendo pertenecido a la magistratura del Estado vomitó: "Muchas frustradas van a la huelga feminista a pillar cacho o a llevarse una hembra a la boca". No voy a decir el nombre de este ejemplar de la grosería y de la, en mi entender, delincuencia por incitación a la violencia. Todos imaginamos de que ideología política partem estas perlas de opinión pero quiero romper una lanza, y esta vez dando nombre y apellido, por nuestra Presidenta del Congreso, senhora Ana Pastor, que opinó libremente y libremente apoyó la huelga y el movimiento iniciado en USA ¨Me too". Esa opinión me dio la esperanza de que no toda la derecha nacional está perdida. Gracias, Señora Presidenta.
                      Volviendo a lo mío. No estoy en la manifestación porque mi salud no me lo permite, pero mi voluntad más profunda, mi corazón y todo mi interés sentimental e intelectual acompaña a esas mujeres que se desean iguales. Que quieren a los hombres a su lado y caminar juntos hacia un mundo de todos. No de todos y  "todas", de TODOS porque en los derechos humanos y en la lucha para conseguirlos no hay sexos, hay ser.
                     Sin olvidar a todas las mujeres que dieron, literalmente, su vida por la igualdad. Reverenciando cada una de ellas que estuvieron, y están, en las trincheras de lo que en la carta de los derechos humanos se dice justo.
                     Hoy por hoy la lucha tiene que continuar. Como todas las luchas que cambiaron la historia. Es lo que toca.
                     Voy a terminar con la palabra mágica para que todas las reivindicaciones de derecho, sean cuales sean sus aspiraciones, consigan un final justo y feliz. EDUCACIÓN
                     

lunes, 23 de octubre de 2017

Encontrando a mi abuelo

                         Hace tiempo encontré en una vieja librería de Madrid un libro que, por su aspecto, encajaba perfectamente con el vetusto establecimiento de libros de segunda mano. Primero me llamó la atención el título "Ninon" y al ver el nombre del autor lo entendí. Ese, y otros muchos títulos, entre los que rescato de mi propio olvido, uno sobre Salamanca y "La Musa Desconocida". Todos encuadernados en una piel roja y suave, que daba gusto tocar. Se que eran muchos por el espacio que ocupaban en la gran biblioteca de su casa. La casa de mi abuelo, Alberto Valero Martín.
                         No llegué a estar con él porque dos meses separaron su muerte de mi nacimiento. Pero como en mi familia tenemos la buena costumbre de contar, a todos los que se van sumando a ella, quienes y como fueron sus predecesores, conocí desde niña quien era mi abuelo.  Un abogado criminalista, escritor y poeta al que acompañaron, en el relato familiar, toda suerte de costumbres, ideas y peripecias.
                         Aquí os dejo uno de sus versos, incluídos en "Las mil mejores poesías de la lengua castellana" editado por Aguilar. Un poema que, cuando era pequeña, me daba mucho miedo. Entenderéis mis motivos.

                                         CUANDO YO ME MUERA


Cuando yo me muera, pobres hijos mios, y vengan a casa los enterradores a buscar mis retos rígidos y frios para arrebatarlos de vuestros amores;
Cuando ya mis ojos no puedan miraros y me haya invadido la eterna quietud y el cuerpo no pueda salir a buscaros de las ocho tablas de un ataúd;
Cuando, solo y lívido, bien amortajado, quede entre los pliegues de lienzos caseros, después que ya todo lo haya terminado la tierra que me echen los sepultureros.
Cuando lleguen esos terribles instantes en que vuestras dulces voces tan amadas me llamen con trágicos tonos delirantes y ante mi silencio callen aterradas...
Cuando sollozantes todos los hermanos, con espantadizo y hondo desconsuelo, vengáis a cubrirme de besos las manos y al acariciarlas las sintáis de hielo...
Cuando ya parezca siempre mudo, para siempre frío, para siempre inerte, aun quiero en la vida serviros de escudo venciendo el absuro fatal de la muerte.
Y así, pobres hijos míos, cuando en el materno regazo dulcísimo durmáis silenciosos en las largtas noches del horrible invierno y os despierten graves ruidos misteriosos, y sienta en su triste lecho de viuda vuestra madre el sueño segado en la hoz del llanto, deciros sin miedo y sin duda:
-Nuesto padre llega y es ésa su voz...
Y habéis escucharla siempre amante y puro, cuando os acometan los torpes pasiones, cuando os atormente la mala ventura, cuando desfallezcan vuestros corazones..... ella os dirá, dulce y queda y amante:
-¡Venced las flaquezas con ánimo fuerte!
¡Yo os sigo de cerca, vivo y vigilante, a través del negro dintel de la muerte!...
Que os ate un cariño trabado y sincero. Todo repartíroslo; el pan y el dolor.
¡Y avanzad seguros por vuestro sendero sembrando una siembra divina de amor!
Sed vosotros dulces, y sed generosos vosotros, mis hijos; mas sabed también enseñar, si os muerden los lobos rabiosos, al gope la mano y el alma al desdén.
Que haya en vuestro espírtitu, armónicamente, ternura y desprecio, braveza y piedad, y una sed rabiosa, noble y absorbente, de sueños, de rimas y de eternidad...
Nada os amedrente; ningún mal presagio os turbe de miedo; las almas serenas sed siempre, hijos míos, en este naufragio, vosotros muy fuertes, vosotras muy buenas...
Sonarán mis voces siempre a vuestro lado con mi amor prendido de vuestros amores, cuando ya parezca todo terminado y vengan a casa los enterradores...¡Hijos, no se muere!. En la honda caverna del negro misterio, sin fondo sensible, una voz me grita: ¡La vida es eterna y en lo misterioso nada es imposible!
En el campo, en casa, -¿Vienen de muy lejos?-, yo oigo de los muertos confidencias quedas entre las carcomas de los muebles viejos y entre los ramajes de las arboledas...
Infinitamente se engrana la vida, y en el infinito no hay menos ni más...
¡Yo siempre, hijos míos, llevaré prendida mi vida a la vuestra, por siempre jamás!.
La vida es eterna... Misteriosamente siento de mis muertos las voces, que son como un gran consuelo suave y confidente en la prematura vejez de mi frente y en la carne viva de mi corazón..
                          

sábado, 26 de agosto de 2017

Un viaje (casi) inesperado: Navegación, Bermudas y final




                            Para que la gente no piense que la vida a bordo es sólo una fiesta -que también- voy a iniciar esta tercera fase que, aunque suene  a película de Spielberg y haya momentos mágicos,  no me permitió ver a ningún extraño visitante. Una pena. Lo hago  con estas fotos maravillosas de mi querido Pablo Martín Ávila. Momentos mágicos, como os digo.

Ocaso en el Atlántico

Noche de nubes densas. Al fondo Hamilton (Bermudas)
Luar -luz de luna- sobre el mar.
Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.
Tenía que poner las fotos así de grandes para poder compartir con vosotros lo mucho que me gustan y lo que aún hoy mantienen en mi recuerdo. Sugieren  esos momentos en los que uno deja el pensamiento volar libre, sin caminos preconcebidos. En realidad, casi sin pensamientos. La vista perdida en imágenes, que sólo se pueden exteriorizar respirando hondo. Sin palabras. Apenas respirarlas, e intentar guardarlas para siempre, en ese extraño álbum de recuerdos especiales que nos acompaña toda la vida.

             El día a día en un gran barco de crucero es más que animado. Si uno pretende asistir a todos los espectáculos, programas de entretenimiento...etc no hace nada más y nosotros no nos prodigamos mucho en las diversas atracciones. Al teatro fuimos dos veces; una para ver a un grupo femenino de cuatro cantantes. Buen repertorio y voces que olvidaban el servicio de los micrófonos, quiero decir; gritos. No nos gustó a ninguno. La otra fue una sorpresa bien agradable. Se trataba de un ballet, muy bueno, que interpretó música de películas. Nos hicieron pasar un buen rato. No voy a contar que mientras ves el espectáculo, en una mesita individual te han servido la bebida de tu preferencia. ¡Ups! lo conté.
Empieza la función
Tengo que ir a un psiquiatra para que me quite la manía de que soy rica. Para mis amigos: que no, que estoy de broma... Vaya, qué facilidad tengo de meterme en jardines...
Aperitivo antes de cenar
               Una noche, nos sumamos los cinco a una fiesta, creo que desconocida para todos. Trataba de ponerse unos cascos luminosos que cambiaban de color dependiendo de la música que escogieras, pudiendo mudarla, cuando y como te apeteciese.
Manhattan y recadito en el hielo
Resultaba muy divertido ver a las personas bailando con ritmos diferentes. Yo opté por dejarla siempre en los años 60, con pánico a que me sorprendiese un reguetón, pongamos por caso.
Fiesta de ritmos y colores

Mª José, el baile más cómodo
             
Luis y yo escuchando lo mismo
Antes de cenar tomábamos un aperitivo en el bar que más nos gustó para ese momento.
Pablo y yo idem
Me enamoré (profesionalmente hablando, que todo hay que explicarlo) del barman principal. No voy a conseguir definir lo que hacía con seis cocteleras de diferentes contenidos, seis copas en línea recta en la barra y toneladas de habilidad. Y, como no consigo explicarlo, imaginad que era como un juego de manos de un expertísimo mago. En esa barra de hielo envié un saludo a mis niños. Uno de ellos pensó que era arena de la
Mucha gente con música de 60's ¿Por qué será?
playa...¡Ohhh!
Maria entró en la fiesta
        Y ahora, un momento para las cenas. Pablo, tuvo clara la entrada del amplio menú desde el primer momento; Escargots a la Bourguinonne. ¡Casi todas las noches! Algún día me da un ataque y los pruebo. Los demás, que no lo teníamos tan claro,  probamos de todo y todo era...delicioso!
Nuestra mesa en el piso superior
Ese ventanal ejercía magnetismo
Y, no voy a continuar contando nada sobre esos manjares porque no me gusta hacer comparaciones con mi gastronomía habitual, así de simple.


¡Qué buenos recuerdos! Chicos, valéis mucho.
Guardo, como algo muy agradable nuestras conversaciones. Cuando la noche había caído sobre el mar. Cuando en un piano bar la música se hacía susurro y nos acompañaba en una copa y charlas serenas. Conversaciones interesantes que, hoy en día, es una de las cosas que más me complace. Y, lo mejor, cada uno con su propia percepción de las cosas, puede que, en algún caso antagónicas, pero nada  impide hacer ese ejercicio (creo que inteligente) de llegar a un punto de encuentro. De respetarnos y, que sea de lo que sea que se hable, poder entendernos. Sin intentar cambiar al otro. ¡Bravo por nosotros! Un matrimonio joven, Luis y Pablo, de charla con una casi anciana -aunque dentro viva otra jovencita- y pasárnoslo tan bien.
                        Y, trás dos días de navegación, llegamos de nuevo a tierra. Bermudas -que no sé por qué en inglés le quitan la S y la convierten en una pieza única en el medio del mar-

Está en pleno Atlántico; es un archipiélago con 150 islas de coral.  Territorio británico de Ultramar y Comunidad del Caribe. Pero ¿de dónde le viene el nombre? Pues de un navegante español llamado Juan Bermúdez quien, al parecer, no le dio demasiada importancia. 
Nosotros estuvimos en La Gran Bermuda, ahora sí, porque es sólo una y tiene una forma de lo más extraña. Como un anzuelo, o un garabato (en su acepción de gancho para colgar). Pasamos allí dos días que aprovechamos de la mejor manera.
Primero, conocer la capital: Hamilton. Desde el barco me gustó lo que vi. Casas blancas, o de colores muy claras, asomando desde el verde de su espacio al azul del espacio de todos.
Bonita vista desde el mar.

Hamilton. El Ayuntamiento

Nada más salir del ferry nos encontramos con una de las ciudades más pintorescas que he conocido. Utilizo el adjetivo pintoresco porque es como estar en una localidad de la costa inglesa (aunque me pareció más bonita de las que he visitado). Aderezada con un "no se qué" caribeño. Tal vez sea por la proximidad.


¿Alguien duda de quién manda aquí?
Front Street. Avenida frente al puerto.
No tiene la temperatura del Caribe, ni la musicalidad del Caribe, ni el aire romántico del Caribe pero a mí me recordó al Caribe. Muy ordenado, muy "british", pero me lo recordó.
Estuve leyendo que los ingleses defendieron sus posesiones en ese mar, que acabo de repetir un montón de veces, desde Bermudas.
Parque  Central
Astillero Naval Real
Conozco los pantalones llamados bermudas, ¿quién no? Lo que para mí fue una sorpresa es que el traje normal en la isla es Chaqueta, camisa social, corbata y...bermudas. Hablo de aquellos caballeros, con pinta de profesionales cualificados y maletín en mano. Reconozco que me quedé mirando, con disimulo, a un par de ellos porque me gustó el atuendo y porque, además, eran guapísimos.
Calle comercial
Noche en Bermudas, naturalmente.

Cathedral of The Most Holy Trinity


Dockiards Beach, al sur de la isla.
La primera playa que visitamos fue  Dockyards beach. Tiene importantes formaciones rocosas, como protegiendo la bahia por los lados y una arena fina y blanca, con tonalidades rosa según dice mucha gente. Se encuentra cerca de la Royal Naval Dockyard, que fue la base principal de la marina de guerra en el Atlántico occidental. Sobre esta base militar británica, existen un sinnúmero de episodios bélicos para quien le pueda interesar. No es mi caso asi que vuelvo a la playa:
Y, con sinceridad, no sé para que vuelvo. El recuerdo más vivo de ella me llega en forma de ola. Me cogió, me zarandeó repetidas veces y me enarenó como si yo fuese una colosal croqueta. Seguramente estoy exagerando un poco. Eso es cosa de mi temperamento. Pero, cuando vi ante mí la mano salvadora de Luis, me agarré a ella como un naúfrago se agarra a una tabla, ¡qué imagen tan vista! pero vale para el caso. Me salvó de convertirme en el mayor empanado del mundo y voy a estarle agradecida durante toda mi vida.
Horseshoe bay. Desde Hamilton, caminando.
"Chiringuito" en Horseshoe bay
El día siguiente, ni tuvimos que coger bus ni nada. Salimos del ferry y en una agradable caminada llegamos a Horseshoe bay, que es otra playa mucho menos agresiva.
Al menos el rincón que elegimos

¿Se me nota que no soy muy playera? Conste que amo el mar pero desde dentro. Puede ser en un barco enorme, mediano o pequeño. Sé de lo que hablo porque los mejores veranos de mi vida los pasé dentro de una barquita con un motor de 2,5 caballos. Aparte de ser ruidoso, se paraba donde le daba la gana, pero nos descubrió lugares maravillosos que, seguro, se habían escapado de la Odisea.
Y ya me estoy yendo por los cerros de Úbeda (algún día tengo que entender mejor esta frase) A lo que iba,  esa parte de la playa era como un lago, resguardado por un fuerte y alguna buena roca al lado contrario. Tanto uno como las otras la mantenían protegida del viento. Sin olas amenazadoras me lo pasé muy bien.
No me resisto a contaros una anécdota alcohólica:
Dark to try one
En el chiringuito que veis en la foto, anunciaba una bebida ¡¡¡PELIGROSÍSIMA!!! Aceite de tiburón. La bebida más fuerte del mundo. Atrévete a probar uno. Estuvimos atentos a ver si alguien la pedía. Preguntamos que ingredientes llevaba, nada. Desde luego, no intentamos probarla. Sólo con mirar a la chica del anuncio...
         Y llegó el momento de despedirme de nuevo de un lugar que hasta entoncas desconocía. Esto es como enseñar a un niño pequeño un pirulí y retirárselo al primer lametón. Pero, esto de ser adulta es lo que tiene. Darte cuenta de que no tienes el don de la ubicuidad. Que no puedes estar en todos los sitios que te gustan al mismo tiempo. Ni siquiera conocerlos en profundidad. Porque el tiempo tiene la manía de que puede todo,  atrás, adelante, antiguo, moderno, ayer, hoy...para mí que le falta elasticidad y es poco creativo. Y es que no sé a quien reclamar.
Hotel, restaurante, pub Henry VIII
Clock Tower. The Royal Naval Dockyard

En el camino de regreso al ferry, que nos llevaría a bordo del Summit -sí porque no os había contado el nombre del barco todavía- Iba pensando en lo afortunada que soy. Hago viajes que, hace unos años atrás, pensé imposibles. Porque entre las "saudades", la economía y la salud así lo vaticinaban.
Puerto y casas  de la Front Street
La estela nos va separando de tierra. Dos días en el mar.
De repente, tanto me encuentro en Italia, Grecia, Portugal, Singapur, Vietnam, Tailandia, como en Venezuela, Brasil, Estados Unidos y Bermudas. ¡No hay como no sentirse afortunada!
...Teníamos dos dias para disfrutar el placer de la navegación, hasta el regreso a N.Y. y los disfrutamos. Una tarde, en el medio del mar, nos sorprendió una, aparentemente pequeña, nube negra, que desaguó en la cubierta donde nos encontrábamos, como si fuese grande. Otro recuerdo divertido.
Después...eso. Aprovechamos las buenas cosas que ofrece esta forma de viajar y  nuestros gratísimos ratos familiares.
Maria "chinchando" Estupenda sonrisa.
Sólo queda recordar algunos magníficos momentos de este viaje inolvidable, con las fotos de Pablo y, alguna que otra explicación.
Maria; como todos los que la queremos, que es el resto de billones de habitantes del planeta, inventó un idioma nuevo. Pienso hacer un diccionario, si me llega la vida para traducirlo pero...¿a qué?- Ejemplo: "chinchar" viene del "chin-chin" publicitario. Ella lo convierte en verbo y todos chinchamos con ella, de un modo tan pegadizo que, por mi parte, no pienso cambiar.
Los terapeúticos chorros de agua de la piscina cubierta. Eficaces para cualquier dolor muscular, una verdadera gozada.
Hora de la cena. El menú insuperable.
Dos días más. Dos noches más. La pena de lo que va llegando el final.
Maria, yo y nuestro aperitivo helado.

Charla animada. ¿Arreglando el mundo?
Piscina cubierta, templada y con fuertes chorros de agua.

Madre e hijo. ¡Qué pareja más guapa!
Todos los que me conocen saben, porque no me canso de informarles, que si alguna vez me pierdo hay un lugar donde no vale la pena buscar. Un Centro Comercial o cualquier cosa que se le parezca. Pues el último día del viaje estuve en el mayor que ni siquiera hubiese imaginado.  Y, tal vez porque no conozco mucho el tema, éste me pareció algo único y digno de una referencia especial.
Outlet Woodbury Common. New York
Outlet Woodbury Common. Creo, porque no lo sé seguro, que ese nombre es algo genérico y que hay en muchos sitios. Este está a unos 90 Km. de Nueva York. Un valle, rodeado de montañas como debe ser, si se quiere llamar valle. Ocupado por un pueblo precioso. Chalecitos, avenidas, plazas, fuentes...etc,  vaya, lo que es un pueblo. Pero en este caso los preciosos chalecitos son tiendas de marcas famosas. Nombres como Chanel, Gucci, Calvin Klein, Ralph Lauren...y tantos etcéteras que necesitaría un día entero para nombrarlos.
No entré en ninguna casita. Pero no di el tiempo por perdido. Me senté en un banco de una pequeña plaza y desde allí me dediqué a observar, aparte de hacer de escolta de las bolsas que iban llegando. Resultó muy divertido. Había gente de lo más variopinta, yendo y viniendo de una tienda a otra. Cuatro mujeres jóvenes paseaban en una especie de minitrenecito, parando de vez en cuando cerca de alguno de los comercios. Por su idumentaria árabe y la enorme cantidad de paquetes, bolsas y cajas que abarrotaban el vehículo imaginé que serían de Arabia Saudita, o Qatar, pongo por ejemplo. "Mi" gente, terminó de hacer sus compras. Una niñería comparadas a las de las chicas que me he referido. Sin salir del pueblo, fuimos a un restaurante típico americano, con una carta bien grande, un estupendo servicio y una comida excelente. Al lado de cada plato se informaba de las calorías que contenía y yo entendí entonces el motivo de que los gordos estadounidenses sean los más gordos del mundo.
                                Después de un atasco considerable, que nos hizo llegar justitas al aeropuerto -lo pongo en femenino porque el vuelo de Luis y Pablo era por la noche- llegó el momento temido de las despedidas. Como todo lo que es bueno parece que dura poco, aunque nosotros aprovechamos tan bien el tiempo que ahora no entiendo como conseguimos hacer tantas cosas.
                               Un viaje que no olvidaré jamás. Un agradecimiento que durará siempre.
                        

                                                                     The End