sábado, 20 de mayo de 2017

Brasil, meu Brasil brasileiro...




                      Ir a Brasil es algo parecido a estar en casa. Ese inmenso país es parte de mi vida. Viví en él un tiempo feliz del que guardo recuerdos imborrables y amigos verdaderos. Y es allí donde vive, trabaja y ama una parte inseparable de mí misma; mi hijo Guca, mi querida "norinha" Carla  y mi adorable nieta Camila.
                Por primera vez viajé en una compañía asiática. Creo que Guca, con ese afán por la investigación, hizo de mí cobaya y me lanzó a la descubierta de una marca diferente para cruzar el charco. Air China. Estuvo bien. Aparte de que la numerosísima tripulación hablaba en mandarín, repetían los avisos en un inglés, digamos que especial, y que tuve que recordar sobre la marcha el juego de mímica, del que me considero experta, estuvo bien.
               
            Después de hablar por los codos, contar novedades familiares, disfrutar de mi gente sin tener que recurrir a WhatsApp, e-mail y otros trucos para engañar la "saudade", con o sin imagen, empezamos a hacer planes para los días en que íbamos a estar juntos.
                 Y esos planes me llevaron  a Buenos Aires. Allí me imaginé oyendo tango hasta las tantas de la madrugada en el ambiente más Gardeliano y porteño posible. Después, surgió la posibilidad de Montevideo y, con este poder de ensoñación del que gozo, me vi enseguida respirando el mismo aire uruguayo que Galiano o Benedetti, en ese país que considero ejemplo de cultura literaria.
                    Y pensando en cultura literaria; este blog lo inicié para hablar de eso, de literatura y sus aproximaciones. Poesía, libros, palabras. De repente me veo convertida en una agencia de viajes, gracias a estos últimos tiempos en que soy como un "zascandilillo" de aquí para allá. Y ¿sabéis  qué? me siento francamente bien. Con los viajes también se construyen experiencias que, si tengo tiempo, convertiré en otro tipo de palabras. Inspiración no me falta.
                     Continuando: En un momento dado, esa criatura linda y responsable que es Camila, se puso a hacer cuentas al tiempo que tenía para preparar unos exámemes complicados, en los que necesitaba la complicidad de su padre y...Montevideo y Buenos Aires abandonaron ipso facto mis ensoñaciones y me solidaricé con las necesidades familiares.
S.S. De la ventana de casa, nubes sobre el canal.
                       El tiempo, se hizo otoñal y lluvioso, así que mis deseos de ir hasta Campinas, para matar saudades y revivir cariños se volvieron, también, imposibles. Desde entonces dejamos que los hados del clima decidieran por nosotros y con el sentido común que no les caracteriza, marcaron un programa, cuando pareció amainar.


           São Sebastião es una ciudad media en su tamaño, aunque se me hace muy grande porque  es litoral. Y el litoral siempre da una amplitud que a mí, que nací y vivo en una gran ciudad de interior, me recuerda mis propios límites. Me falta el más allá, no en el sentido esotérico, lo que me falta es la enormidad azul de tanta água...tanto mar, que quiero atravesar cada vez que el corazón se me encoge de añoranza.     
Toque-Toque grande S.S.
            SãoSebas; como la llaman coloquialmente sus habitantes, cuenta con preciosas playas. Para todos los gustos; con estupendos soportes turísticos y fáciles accesos, como Maresías, Praia de Santiago, Praia de São Sebastião o Toque-Toque- grande y pequeño - y algo más salvajes como Calhetas.
Desde São Sebastião, Ilhabela. El pico más alto Baepi
Arco Iris en Pier do Pontão S.S.

                                      Pero, voy a continuar con mi viaje de Abril que, aunque no fuese todo lo que pensábamos, resultó fantástico.
Y, claro,  comenzamos por la parte más cercana. ILHABELA, así con mayúsculas porque se lo merece. Es isla, es bella y supera todo lo que de ella  se espera.
             
Plano de Ilhabela. A muchos de sus lugares sólo se accede en barco.



    

                Supongo que nunca podré conocer la isla en su totalidad. Su tamaño y lo complicado de sus
Carla y Camila, bajo un cielo cada vez más amenazador.
accesos hacen que me parezca una aventura poco menos que imposible.
Me voy conformando con lo que disfruto de su belleza cada vez que la visito.
Creo que Ilhabela tiene todo lo que puede hacer de tu estancia algo especial. Montaña, playas, mar abierto, zonas que, si no lo son, se parecen demasiado a la selva, deliciosas comidas, compras en preciosas tiendas de artesanía...en fin, un placer asegurado. Y verde, mucho verde en todas las tonalidades posibles, adornando aún más el increíble conjunto.
Nossa Senhora da Ajuda
Las ramas se funden con el tronco desde el suelo
Chapada dos Viadeiros. Pque. Nal. Ilhabela


La pequeña iglesia de Nossa Senhora  d’Ajuda, con sus banderitas ysu pintura blanca y azul, me hicieron sentir, de repente, que estaba en una aldea portuguesa, en día de fiesta.
            Ese árbol, al lado del que Camila parece tan chiquita, cautivó mi interés durante un buen rato. No es extraño debido a mi pasión por los árboles a los que considero lo más hermoso, informativo y mágico del mundo vegetal. Aquí le llaman "figueira" higuera en portugués y, de verdad, que no se parece a ninguna que yo haya visto nunca.
Vivir rodeado de verde
São Sebastião desde Ilhabela
Mirador Ilhabela. Final de tarde. Carla y Guca frente a S.S. 
Bahía de Perequê
Una turista accidental y dos habituales de la isla.

                                                                                                         
           Por fin decidimos donde pasaríamos los pocos días que los exámenes de Camila hacían posibles. Lo que más nos apetecía era seguir la maravillosa carretera Rio-Santos e ir haciendo cortas paradas turísticas, hasta llegar a Paraty (por capricho mío) y a Petrópolis (por decisión colectiva) ambas ciudades en el estado de Rio de Janeiro.

         Una de las carreteras más bonitas que conozco es la de Rio-Santos. Recuerdo que en Venezuela comenté que la ruta costera de Los Caracas a Osma, me la recordaban. Lo reitero, aunque he de confesar que la brasileña sale ganando. De un lado la sierra atlántica, tupida como una selva. Una cordillera larguísima con algunas montañas que, por su imponencia, yo no entiendo que carezcan de nombre propio, adornadas por algunas cascadas que le aportan más belleza, si cabe.  Del otro lado el océano, esa inmensidad azul donde la vista quiere perderse.

Praia da Cocanha. Caraguatatuba

        Parada en Caraguatatuba. Ese nombre tan largo fue acortado por los brasileños y se quedó en el coloquiel Caraguá, lo que es de agradecer.
Es una de las ciudades con más restaurantes, al lado uno de otro, que he visto en mi vida. Difícil opción, pero la hicimos bien pues la comida era excelente.
         Segunda parada; Ubatuba. Desde el coche, a primera vista ya se adivina deslumbrante. Ese litoral de bahías enormes, de arenas blancas y rodeadas de montañas de vegetación frondosa es un prodigio de hermosura. En realidad todo el trayecto que rodea la costa es de una belleza difícil de describir.
¿Quién habló de incompatibilidad entre suegras y nueras?
Saco da Ribeira. Ubatuba






Ubatuba. Praia Promirim
Pero, la tarde se nos echaba encima y queríamos llegar a nuestro primer puerto seguro antes de que se hiciese de noche. Dejamos el estado de São Paulo y nos adentramos en el de Rio de Janeiro.

Paraty; Una de las ciudades más interesantes del litoral

Paraty. Capela de Santa Rita
Paraty. En la posada Vila do Porto

Casita de Camila y mía. Un encanto
Tanta cachaça diferente que solo de mirar te mareas.
Casa particular en Paraty, primorosamente conservada

Paraty. Ante un delicioso café, incrementado con mucha ternura.
Luz y color en las calles de Paraty


Importantes eventos y ferias anuales  en Paraty

             Paraty es una ciudad que visito casi siempre que voy a Brasil. Además de ser digna de conocerse por su antigüedad, cuyo centro histórico colonial, magnificamente conservado lo atestigua, tiene una importante oferta de ocio y cultura. Acaso, dado el tamaño de la ciudad, sorprendente.  Fundada en el siglo XVI, una de sus principales actividades ecónomicas es la cachaça, un aguardiente destilado desde la caña de azúcar. Hoy, de sus alambiques salen marcas de
gran prestigio dentro y fuera de Brasil. Quien no haya probado una caipirinha, preparada con una buena pinga -otra forma de llamar a este aguardiente- con su lima y su azúcar, bien machacaditos para integrar sabores, no sabe lo que se pierde.
               Por último, un consejo para aquellos que vayáis a Paraty por primera vez. Llevad los zapatos más cómodos que tengáis. Caminar por esas piedras, con casi 500 años años de edad, es francamente complicado.
                 Acabamos el día con una estupenda cena, un buen vino y un cantor que, acompañado por su guitarra, nos hizo evocar -con impecables opciones y suave voz- la mejor época de una de las  músicas que más me gustan; Bossa Nova. Comenzó en Rio de Janeiro y se ganó el mundo. ¡Viva la bossa nova!
  
                Y continuamos nuestro viaje. No podíamos quedarnos mucho tiempo en cada lugar pero se que volveré. Porque ese camino no es como el del cuento de "Irás y no volverás". Ese camino es para demorarlo, disfrutarlo en cada uno de sus lugares que, de tan bellos, parecen salidos de la magia. Y, siempre que voy, y siempre que vuelvo, mi mente repite la frase ¡Amo ese país!

                Angra dos Reis.
                Hace muchos años tuve que ir a Angra por un tema de trabajo. El tiempo era escaso así que tomamos la Via Dutra y fuimos directamente a la zona industrial que pretendíamos. Me quedé con una impresión de la ciudad que no tiene la menor semejanza con lo que ahora pude comprobar.
¡MARAVILLA!
          Paramos el coche en el primer hueco que la carretera dejaba y mi cara embobada debía transmitir todo el concepto equivocado y guardado durante tanto tiempo.
              Angra dos Reis es una península, bordeada de entrantes y salientes que forman sus espectaculares playas y extremos montañosos que acaban en el mar. Frente a élla, la isla Gipóia, una preciosidad de forma extraña y arenas blanquísimas. No conté los islotes menores que rodean ese increíble conjunto pero puedo asegurar que eran muchos.





Noche en la ciudad de Angra dos Reis
Bahía de Angra dos Reis
Angra; el mar y sus adornos

 Alejada, se encuentra una de las islas con más proyección turística de la zona. Ilha Grande. Se accede a ella por mar desde diferentes puntos y, según me han comentado todos los que la conocen, es asombrosa. Bueno, se queda en la agenda para la próxima vez. Aunque, con tanto que hay que ver en este mundo no se yo si la agenda va a ser
tan elástica como me gustaría.
Además de la isla Gipóia, islotes en el mar de Angra
Con una cierta nostalgia anticipada dejamos
atrás la Rio-Santos para comenzar a subir la sierra
fluminense. Sentí pena de no pasar por la Ciudad
Maravillosa (que sin duda lo es Rio de Janeiro) pero también comprendí que así fue mejor. Prefiero conservar en la memoria todas las emociones que Rio me proporcionó - me refiero, por ejemplo, a la vista incomparable desde lo alto del Corcovado- que caminar por sus calles con ese tipo de desconfianza que dan las noticias constantes sobre su inseguridad. Espero que un día pueda volver a pasear por Copacabana de madrugada, como lo hice la última vez. Aunque del trío despreocupado de entonces, falta un elemento y, seguramante, ya no parezca igual.

                 Petrópolis, o  Ciudad de Pedro, en homenaje al emperador Pedro II, surgió del descubrimiento de su padre, Pedro I, durante un viaje de Rio a Minas. Fue, seguramente, el aire más fresco que el de Rio de Janeiro, lo que le gustó de este enclave de la Serra dos Orgaõs.
           Sin duda, lo que esta ciudad tiene, aparte de su aire limpio, sus calles cuidadas, su famosa fábrica de cerveza, los personajes famosos que en ella vivieron, su entorno...etc. es su historia.
          Porque, me hago una pregunta: ¿Qué otro país, del tiempo colonial, consiguió mantener una estructura independiente, obedeciendo a una casa real descendiente de la que tomó la soberanía por la fuerza? Y, no me hablen de la Commonwealth, que es bastante diferente.  Pues es así. Después de que Pedro I se sumase a  la Independencia (grito do Ipiranga) regresó a Portugal y dejó a su hijo de cinco años aquél "papelón" que suponía el mando de un inmenso y atípico país. Pues parece que no le fue nada mal. Resultó ser un tipo sensible, culto y, en lo que respecta a la ciudad de Petrópolis, simplemente, se la inventó. No puedo evitar sentir una gran simpatía por este emperador brasileño y coherente. Gobernó durante 58 años. Fue un gran mecenas del arte y la ciencia y, cuando la República se puso en marcha, él partió para Europa diciendo "He trabajado mucho. Me voy a descansar". No debió dejar resquemores entre el pueblo brasileño, cuando desde Brasil se reclamaron sus restos mortales a Francia, y hoy se encuentran en la Catedral, junto a los de su esposa desde 1920.


Casi llegando
Primeras casas de Petrópolis



Gran Hotel. Petrópolis


























La visita al Museo Imperial, antiguo Palacio de Verano, del siglo XIX, resultó muy didáctica históricamente y también muy agradable. Fuimos por la mañana, recorrimos sus salones entendiendo un poco mejor como se vivían los veranos de la corte. Caminamos por sus jardines, y conocimos sus habitantes habituales: los monitos sagui, pequeños, rápidos y, si te descuidas, ladrones, que han hecho de aquel lugar su casa. Por la noche, asistimos a un espectáculo de luz y sonido, sobre los dimes y diretes entre la nobleza en noches de baile palaciegos.

Casa de Ipiranga (o de los siete errores)








Todo el centro histórico es un verdadero museo de arquitectura. El Gran Hotel, donde nos hospedamos,  una construcción de principios del siglo XX, con todas las comodidades de hoy pero conservando el encanto de entonces, como se puede comprobar  al observar su zaguán. Fue una opción pensada por su emplazamiento, cercano al propio Museo Imperial y a las avenidas, donde se encuentran la mayor parte de los palacios, palacetes y casas señoriales de la ciudad. Cada uno de estos edificios rodeados de jardín, tienen en la entrada principal de la verja, que les separa de la calle, un poco de historia. Unas placas -todas iguales- dan constancia del año que se construyeron, quienes fueron sus primeros moradores y quienes las adquirieron después. Algunas de ellas hoy son colegios, o edificios públicos pero sus fachadas y jardines continúan impecables,  recordando el elegante estilo de su época.
Una paradita para sentir la sierra
     
La catedral S.Pedro de Alcántara de día.
La Catedral de noche, con fantasmas.
        Hay muchos otros lugares llenos de atractivo para el visitante. Un paseo al aire libre por el Parque Natural Municipal, en la Av. Ipiranga, por tanto sin salir del centro histórico. Visitar la Casa Encantada, hoy abierta al público como museo. Allí vivió Alberto Santos Dumond, pionero de la aviación, ingeniero e inventor. O encontrar las diferencias de simetría en la fachada de la Casa de Ipiranga, más conocida por Casa de los Siete Errores.
                            Uno de los edificios más emblemáticos de Petropólis es el Palacio Quitandinha. Una obra modernista, de inspiración normando-francés que fue inaugurada en 1944, como el mayor casino de toda América del Sur. En plena guerra mundial el lujo, aliado al ocio, pareció a sus dueños una buena apuesta de contraposición. Muchos personajes famosos de la época, sobre todo del mundo del cine hollywoodiense, se hospedaron allí y pasaron por sus mesas de juego. El éxito duró poco. En 1946 el Presidente Dutra prohibió el juego en todo el territorio nacional. El palacio funcionó solamente como hotel y eso no bastó para mantenerlo. Hoy, es un condominio de apartamentos y los grandes espacios de lo que fue el casino,  son centros de congresos, espectáculos, exposiciones...etc.
  
Casa de Santos Dumond
Palacio Quitandinha
             

Museo Imperial, antes Palacio de verano
Estatua de D.Pedro II en el jardín
Hablemos de cerveza.
Jardines en el Museo Imperial. Petrópolis
Sagui. El "okupa" inteligente
¿Quién no conoce como se elabora ? ¿Quién sabe que hay más de cien tipos de cerveza diferentes? Bueno pues yo que, aparte de  ser una total inexperta en lo que concierne a ese tan famoso, antiguo y dorado líquido,
no tenía la menor idea y, si me apuran, muy poco de su sabor. Reconozco que el vino y su historia me han interesado siempre más. Pero una visita guiada a la segunda mayor cervecera de Brasil me ayudaron a entender mejor este producto que ya los faraones de Egipto y, si no recuerdo mal, las esposas de los faraones también consumían copiosamente. ¿Por qué lo sé? Pues porque recuerdo la novela de Mika Waltari, Sinuhé, el egipcio - basado, según parece, en un médico que existió - y uno de los personajes femeninos, con derecho a trono, se cogía unas cogorzas importantes a base de cerveza.
Agua, malta, lúpulo y levadura
Lo de la creatividad dependerá de los maestros cerveceros
   Me divirtió bastante conocer lo que antes ni sabía que existía. El cuidado, la selección de materia prima y la elaboración, en unos colosales recipientes, de lo que tanta gente consume y ni imagina el trabajo que da.
                 Hicimo tres catas. La primera era una Pilsen, la segunda una Weiss y la última "Pal Ale 838" . Esta información sería imposible sin la memoria de Carla. Me gustó más esa que tenía un color amarillo, claro ytransparente. Era, según me dijeron, la más suave. A la última, opaca y oscura, sólo pude darle un sorbo. Supongo que a mucha gente le gustará pero fuerte y fea, lo es un rato largo.
                    Bueno, fue divertido y diferente. Carla y Guca, a los que sí les gusta la cerveza, compraron algunas para llevarse. Camila se contentó con unas camisetas bien "charmosas" Ah! sí, luego en casa, probé una de las que compraron, que me recordó a una  botella de champán. El mismo tipo de corcho hinchado, parecidas burbujas y un sabor muy estimulante: la Wäls Dubbel, que fue medalla de oro en la Word Beer Cup 2014 (de nuevo la intervención memorística de Carla)
Visitantes de la Cervejaria Bohemia

              Regresar a São Sebastião fue menos espectacular. Es lo que tienen las autopistas y las necesidades de tiempo. Pero estos días los disfrutamos a tope y, además, el tiempo de estar juntos no había acabado. Paseos, comiditas, cenitas, jueguecitos (que Guca inventó sólo para humillarme) y esos dulces, artesanales que no hay quien les resista. Me encantan esos cafés-librerías, donde puedes echar un vistazo a las publicaciones que te interesan, sin obligación de comprarlas, mientras estimulas tu papilas gustativas con el tipo de café que prefieras y...Y, ahí llega la tentación (y juro que no soy golosa) en forma de dulce. Imaginativos, diferentes...deliciosos. Bueno, quien vaya a SãoSebas, que se pase por  el Satélite, por ejemplo. Un ambientazo que, al menos a mí, me encanta.
                  Cada vez me resultan más difíciles las despedidas. Esas despedidas que se cuentan en kilómetros, en mares que separan, en tiempo que transcurre entre una y otra vez que nos encontramos. En fin, quiero decir que, cada vez, me es más duro decir adiós a la gente que amo. Vale, será cosa de la edad. Del tiempo que se va acortando y que quieres sorber hasta la última gota como un buen vino añejo ¿no dije que yo era más de vino?
                   Por ahora, dejo esta nueva entrada de mi blog, agradeciendo a mi tribu brasileña todo lo que me regala su cariño. Camila, espero no olvidar el saludo que me enseñaste.
                    ¡Oh! casi me olvidaba. Chao Zoe, ya mayor pero tan dulce y reclamante incansable de mimos como siempre. Y ya te conozco hace algún tiempo, ¿verdad?


La bella Zoe.  Eso sí que es amistad










jueves, 4 de mayo de 2017

Cuando aún no es invierno

UN COMETA ME PREGUNTÓ POR TI EN LA NOCHE MÁS CORTA DEL VERANO . LE DIJE QUE MI CORAZÓN SE CALENTABA EN LAS HOGUERAS DE SAN JUÁN Y QUE HACÍA MUCHO TIEMPO QUE HABÍA OLVIDADO EL PERFUME DE TU PRESENCIA . AÚN ASÍ MI ALMA SE ACURRUCA BALO LAS MANTAS DE LA CAMA Y CAMBIA FRECUENTEMENTE DE POSTURA . SERÁ QUIZÁ POR QUE NOS AMAMOS TANTO BAJO EL DESIGNIO DE UNA ESTRELLA SIAMESA O PORQUE EL TIEMPO ESTÁ COMPUESTO DE PUERTAS GIRATÓRIAS Y SIENTO DE NUEVO TU ALIENTO EMPAÑANDO LOS CRISTALES DE MI VOLUNTAD .

Un pensamiento que guardé. Alberto Martínez