lunes, 23 de octubre de 2017

Encontrando a mi abuelo

                         Hace tiempo encontré en una vieja librería de Madrid un libro que, por su aspecto, encajaba perfectamente con el vetusto establecimiento de libros de segunda mano. Primero me llamó la atención el título "Ninon" y al ver el nombre del autor lo entendí. Ese, y otros muchos títulos, entre los que rescato de mi propio olvido, uno sobre Salamanca y "La Musa Desconocida". Todos encuadernados en una piel roja y suave, que daba gusto tocar. Se que eran muchos por el espacio que ocupaban en la gran biblioteca de su casa. La casa de mi abuelo, Alberto Valero Martín.
                         No llegué a estar con él porque dos meses separaron su muerte de mi nacimiento. Pero como en mi familia tenemos la buena costumbre de contar, a todos los que se van sumando a ella, quienes y como fueron sus predecesores, conocí desde niña quien era mi abuelo.  Un abogado criminalista, escritor y poeta al que acompañaron, en el relato familiar, toda suerte de costumbres, ideas y peripecias.
                         Aquí os dejo uno de sus versos, incluídos en "Las mil mejores poesías de la lengua castellana" editado por Aguilar. Un poema que, cuando era pequeña, me daba mucho miedo. Entenderéis mis motivos.

                                         CUANDO YO ME MUERA


Cuando yo me muera, pobres hijos mios, y vengan a casa los enterradores a buscar mis retos rígidos y frios para arrebatarlos de vuestros amores;
Cuando ya mis ojos no puedan miraros y me haya invadido la eterna quietud y el cuerpo no pueda salir a buscaros de las ocho tablas de un ataúd;
Cuando, solo y lívido, bien amortajado, quede entre los pliegues de lienzos caseros, después que ya todo lo haya terminado la tierra que me echen los sepultureros.
Cuando lleguen esos terribles instantes en que vuestras dulces voces tan amadas me llamen con trágicos tonos delirantes y ante mi silencio callen aterradas...
Cuando sollozantes todos los hermanos, con espantadizo y hondo desconsuelo, vengáis a cubrirme de besos las manos y al acariciarlas las sintáis de hielo...
Cuando ya parezca siempre mudo, para siempre frío, para siempre inerte, aun quiero en la vida serviros de escudo venciendo el absuro fatal de la muerte.
Y así, pobres hijos míos, cuando en el materno regazo dulcísimo durmáis silenciosos en las largtas noches del horrible invierno y os despierten graves ruidos misteriosos, y sienta en su triste lecho de viuda vuestra madre el sueño segado en la hoz del llanto, deciros sin miedo y sin duda:
-Nuesto padre llega y es ésa su voz...
Y habéis escucharla siempre amante y puro, cuando os acometan los torpes pasiones, cuando os atormente la mala ventura, cuando desfallezcan vuestros corazones..... ella os dirá, dulce y queda y amante:
-¡Venced las flaquezas con ánimo fuerte!
¡Yo os sigo de cerca, vivo y vigilante, a través del negro dintel de la muerte!...
Que os ate un cariño trabado y sincero. Todo repartíroslo; el pan y el dolor.
¡Y avanzad seguros por vuestro sendero sembrando una siembra divina de amor!
Sed vosotros dulces, y sed generosos vosotros, mis hijos; mas sabed también enseñar, si os muerden los lobos rabiosos, al gope la mano y el alma al desdén.
Que haya en vuestro espírtitu, armónicamente, ternura y desprecio, braveza y piedad, y una sed rabiosa, noble y absorbente, de sueños, de rimas y de eternidad...
Nada os amedrente; ningún mal presagio os turbe de miedo; las almas serenas sed siempre, hijos míos, en este naufragio, vosotros muy fuertes, vosotras muy buenas...
Sonarán mis voces siempre a vuestro lado con mi amor prendido de vuestros amores, cuando ya parezca todo terminado y vengan a casa los enterradores...¡Hijos, no se muere!. En la honda caverna del negro misterio, sin fondo sensible, una voz me grita: ¡La vida es eterna y en lo misterioso nada es imposible!
En el campo, en casa, -¿Vienen de muy lejos?-, yo oigo de los muertos confidencias quedas entre las carcomas de los muebles viejos y entre los ramajes de las arboledas...
Infinitamente se engrana la vida, y en el infinito no hay menos ni más...
¡Yo siempre, hijos míos, llevaré prendida mi vida a la vuestra, por siempre jamás!.
La vida es eterna... Misteriosamente siento de mis muertos las voces, que son como un gran consuelo suave y confidente en la prematura vejez de mi frente y en la carne viva de mi corazón..
                          

sábado, 26 de agosto de 2017

Un viaje (casi) inesperado: Navegación, Bermudas y final




                            Para que la gente no piense que la vida a bordo es sólo una fiesta -que también- voy a iniciar esta tercera fase que, aunque suene  a película de Spielberg y haya momentos mágicos,  no me permitió ver a ningún extraño visitante. Una pena. Lo hago  con estas fotos maravillosas de mi querido Pablo Martín Ávila. Momentos mágicos, como os digo.

Ocaso en el Atlántico

Noche de nubes densas. Al fondo Hamilton (Bermudas)
Luar -luz de luna- sobre el mar.
Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.
Tenía que poner las fotos así de grandes para poder compartir con vosotros lo mucho que me gustan y lo que aún hoy mantienen en mi recuerdo. Sugieren  esos momentos en los que uno deja el pensamiento volar libre, sin caminos preconcebidos. En realidad, casi sin pensamientos. La vista perdida en imágenes, que sólo se pueden exteriorizar respirando hondo. Sin palabras. Apenas respirarlas, e intentar guardarlas para siempre, en ese extraño álbum de recuerdos especiales que nos acompaña toda la vida.

             El día a día en un gran barco de crucero es más que animado. Si uno pretende asistir a todos los espectáculos, programas de entretenimiento...etc no hace nada más y nosotros no nos prodigamos mucho en las diversas atracciones. Al teatro fuimos dos veces; una para ver a un grupo femenino de cuatro cantantes. Buen repertorio y voces que olvidaban el servicio de los micrófonos, quiero decir; gritos. No nos gustó a ninguno. La otra fue una sorpresa bien agradable. Se trataba de un ballet, muy bueno, que interpretó música de películas. Nos hicieron pasar un buen rato. No voy a contar que mientras ves el espectáculo, en una mesita individual te han servido la bebida de tu preferencia. ¡Ups! lo conté.
Empieza la función
Tengo que ir a un psiquiatra para que me quite la manía de que soy rica. Para mis amigos: que no, que estoy de broma... Vaya, qué facilidad tengo de meterme en jardines...
Aperitivo antes de cenar
               Una noche, nos sumamos los cinco a una fiesta, creo que desconocida para todos. Trataba de ponerse unos cascos luminosos que cambiaban de color dependiendo de la música que escogieras, pudiendo mudarla, cuando y como te apeteciese.
Manhattan y recadito en el hielo
Resultaba muy divertido ver a las personas bailando con ritmos diferentes. Yo opté por dejarla siempre en los años 60, con pánico a que me sorprendiese un reguetón, pongamos por caso.
Fiesta de ritmos y colores

Mª José, el baile más cómodo
             
Luis y yo escuchando lo mismo
Antes de cenar tomábamos un aperitivo en el bar que más nos gustó para ese momento.
Pablo y yo idem
Me enamoré (profesionalmente hablando, que todo hay que explicarlo) del barman principal. No voy a conseguir definir lo que hacía con seis cocteleras de diferentes contenidos, seis copas en línea recta en la barra y toneladas de habilidad. Y, como no consigo explicarlo, imaginad que era como un juego de manos de un expertísimo mago. En esa barra de hielo envié un saludo a mis niños. Uno de ellos pensó que era arena de la
Mucha gente con música de 60's ¿Por qué será?
playa...¡Ohhh!
Maria entró en la fiesta
        Y ahora, un momento para las cenas. Pablo, tuvo clara la entrada del amplio menú desde el primer momento; Escargots a la Bourguinonne. ¡Casi todas las noches! Algún día me da un ataque y los pruebo. Los demás, que no lo teníamos tan claro,  probamos de todo y todo era...delicioso!
Nuestra mesa en el piso superior
Ese ventanal ejercía magnetismo
Y, no voy a continuar contando nada sobre esos manjares porque no me gusta hacer comparaciones con mi gastronomía habitual, así de simple.


¡Qué buenos recuerdos! Chicos, valéis mucho.
Guardo, como algo muy agradable nuestras conversaciones. Cuando la noche había caído sobre el mar. Cuando en un piano bar la música se hacía susurro y nos acompañaba en una copa y charlas serenas. Conversaciones interesantes que, hoy en día, es una de las cosas que más me complace. Y, lo mejor, cada uno con su propia percepción de las cosas, puede que, en algún caso antagónicas, pero nada  impide hacer ese ejercicio (creo que inteligente) de llegar a un punto de encuentro. De respetarnos y, que sea de lo que sea que se hable, poder entendernos. Sin intentar cambiar al otro. ¡Bravo por nosotros! Un matrimonio joven, Luis y Pablo, de charla con una casi anciana -aunque dentro viva otra jovencita- y pasárnoslo tan bien.
                        Y, trás dos días de navegación, llegamos de nuevo a tierra. Bermudas -que no sé por qué en inglés le quitan la S y la convierten en una pieza única en el medio del mar-

Está en pleno Atlántico; es un archipiélago con 150 islas de coral.  Territorio británico de Ultramar y Comunidad del Caribe. Pero ¿de dónde le viene el nombre? Pues de un navegante español llamado Juan Bermúdez quien, al parecer, no le dio demasiada importancia. 
Nosotros estuvimos en La Gran Bermuda, ahora sí, porque es sólo una y tiene una forma de lo más extraña. Como un anzuelo, o un garabato (en su acepción de gancho para colgar). Pasamos allí dos días que aprovechamos de la mejor manera.
Primero, conocer la capital: Hamilton. Desde el barco me gustó lo que vi. Casas blancas, o de colores muy claras, asomando desde el verde de su espacio al azul del espacio de todos.
Bonita vista desde el mar.

Hamilton. El Ayuntamiento

Nada más salir del ferry nos encontramos con una de las ciudades más pintorescas que he conocido. Utilizo el adjetivo pintoresco porque es como estar en una localidad de la costa inglesa (aunque me pareció más bonita de las que he visitado). Aderezada con un "no se qué" caribeño. Tal vez sea por la proximidad.


¿Alguien duda de quién manda aquí?
Front Street. Avenida frente al puerto.
No tiene la temperatura del Caribe, ni la musicalidad del Caribe, ni el aire romántico del Caribe pero a mí me recordó al Caribe. Muy ordenado, muy "british", pero me lo recordó.
Estuve leyendo que los ingleses defendieron sus posesiones en ese mar, que acabo de repetir un montón de veces, desde Bermudas.
Parque  Central
Astillero Naval Real
Conozco los pantalones llamados bermudas, ¿quién no? Lo que para mí fue una sorpresa es que el traje normal en la isla es Chaqueta, camisa social, corbata y...bermudas. Hablo de aquellos caballeros, con pinta de profesionales cualificados y maletín en mano. Reconozco que me quedé mirando, con disimulo, a un par de ellos porque me gustó el atuendo y porque, además, eran guapísimos.
Calle comercial
Noche en Bermudas, naturalmente.

Cathedral of The Most Holy Trinity


Dockiards Beach, al sur de la isla.
La primera playa que visitamos fue  Dockyards beach. Tiene importantes formaciones rocosas, como protegiendo la bahia por los lados y una arena fina y blanca, con tonalidades rosa según dice mucha gente. Se encuentra cerca de la Royal Naval Dockyard, que fue la base principal de la marina de guerra en el Atlántico occidental. Sobre esta base militar británica, existen un sinnúmero de episodios bélicos para quien le pueda interesar. No es mi caso asi que vuelvo a la playa:
Y, con sinceridad, no sé para que vuelvo. El recuerdo más vivo de ella me llega en forma de ola. Me cogió, me zarandeó repetidas veces y me enarenó como si yo fuese una colosal croqueta. Seguramente estoy exagerando un poco. Eso es cosa de mi temperamento. Pero, cuando vi ante mí la mano salvadora de Luis, me agarré a ella como un naúfrago se agarra a una tabla, ¡qué imagen tan vista! pero vale para el caso. Me salvó de convertirme en el mayor empanado del mundo y voy a estarle agradecida durante toda mi vida.
Horseshoe bay. Desde Hamilton, caminando.
"Chiringuito" en Horseshoe bay
El día siguiente, ni tuvimos que coger bus ni nada. Salimos del ferry y en una agradable caminada llegamos a Horseshoe bay, que es otra playa mucho menos agresiva.
Al menos el rincón que elegimos

¿Se me nota que no soy muy playera? Conste que amo el mar pero desde dentro. Puede ser en un barco enorme, mediano o pequeño. Sé de lo que hablo porque los mejores veranos de mi vida los pasé dentro de una barquita con un motor de 2,5 caballos. Aparte de ser ruidoso, se paraba donde le daba la gana, pero nos descubrió lugares maravillosos que, seguro, se habían escapado de la Odisea.
Y ya me estoy yendo por los cerros de Úbeda (algún día tengo que entender mejor esta frase) A lo que iba,  esa parte de la playa era como un lago, resguardado por un fuerte y alguna buena roca al lado contrario. Tanto uno como las otras la mantenían protegida del viento. Sin olas amenazadoras me lo pasé muy bien.
No me resisto a contaros una anécdota alcohólica:
Dark to try one
En el chiringuito que veis en la foto, anunciaba una bebida ¡¡¡PELIGROSÍSIMA!!! Aceite de tiburón. La bebida más fuerte del mundo. Atrévete a probar uno. Estuvimos atentos a ver si alguien la pedía. Preguntamos que ingredientes llevaba, nada. Desde luego, no intentamos probarla. Sólo con mirar a la chica del anuncio...
         Y llegó el momento de despedirme de nuevo de un lugar que hasta entoncas desconocía. Esto es como enseñar a un niño pequeño un pirulí y retirárselo al primer lametón. Pero, esto de ser adulta es lo que tiene. Darte cuenta de que no tienes el don de la ubicuidad. Que no puedes estar en todos los sitios que te gustan al mismo tiempo. Ni siquiera conocerlos en profundidad. Porque el tiempo tiene la manía de que puede todo,  atrás, adelante, antiguo, moderno, ayer, hoy...para mí que le falta elasticidad y es poco creativo. Y es que no sé a quien reclamar.
Hotel, restaurante, pub Henry VIII
Clock Tower. The Royal Naval Dockyard

En el camino de regreso al ferry, que nos llevaría a bordo del Summit -sí porque no os había contado el nombre del barco todavía- Iba pensando en lo afortunada que soy. Hago viajes que, hace unos años atrás, pensé imposibles. Porque entre las "saudades", la economía y la salud así lo vaticinaban.
Puerto y casas  de la Front Street
La estela nos va separando de tierra. Dos días en el mar.
De repente, tanto me encuentro en Italia, Grecia, Portugal, Singapur, Vietnam, Tailandia, como en Venezuela, Brasil, Estados Unidos y Bermudas. ¡No hay como no sentirse afortunada!
...Teníamos dos dias para disfrutar el placer de la navegación, hasta el regreso a N.Y. y los disfrutamos. Una tarde, en el medio del mar, nos sorprendió una, aparentemente pequeña, nube negra, que desaguó en la cubierta donde nos encontrábamos, como si fuese grande. Otro recuerdo divertido.
Después...eso. Aprovechamos las buenas cosas que ofrece esta forma de viajar y  nuestros gratísimos ratos familiares.
Maria "chinchando" Estupenda sonrisa.
Sólo queda recordar algunos magníficos momentos de este viaje inolvidable, con las fotos de Pablo y, alguna que otra explicación.
Maria; como todos los que la queremos, que es el resto de billones de habitantes del planeta, inventó un idioma nuevo. Pienso hacer un diccionario, si me llega la vida para traducirlo pero...¿a qué?- Ejemplo: "chinchar" viene del "chin-chin" publicitario. Ella lo convierte en verbo y todos chinchamos con ella, de un modo tan pegadizo que, por mi parte, no pienso cambiar.
Los terapeúticos chorros de agua de la piscina cubierta. Eficaces para cualquier dolor muscular, una verdadera gozada.
Hora de la cena. El menú insuperable.
Dos días más. Dos noches más. La pena de lo que va llegando el final.
Maria, yo y nuestro aperitivo helado.

Charla animada. ¿Arreglando el mundo?
Piscina cubierta, templada y con fuertes chorros de agua.

Madre e hijo. ¡Qué pareja más guapa!
Todos los que me conocen saben, porque no me canso de informarles, que si alguna vez me pierdo hay un lugar donde no vale la pena buscar. Un Centro Comercial o cualquier cosa que se le parezca. Pues el último día del viaje estuve en el mayor que ni siquiera hubiese imaginado.  Y, tal vez porque no conozco mucho el tema, éste me pareció algo único y digno de una referencia especial.
Outlet Woodbury Common. New York
Outlet Woodbury Common. Creo, porque no lo sé seguro, que ese nombre es algo genérico y que hay en muchos sitios. Este está a unos 90 Km. de Nueva York. Un valle, rodeado de montañas como debe ser, si se quiere llamar valle. Ocupado por un pueblo precioso. Chalecitos, avenidas, plazas, fuentes...etc,  vaya, lo que es un pueblo. Pero en este caso los preciosos chalecitos son tiendas de marcas famosas. Nombres como Chanel, Gucci, Calvin Klein, Ralph Lauren...y tantos etcéteras que necesitaría un día entero para nombrarlos.
No entré en ninguna casita. Pero no di el tiempo por perdido. Me senté en un banco de una pequeña plaza y desde allí me dediqué a observar, aparte de hacer de escolta de las bolsas que iban llegando. Resultó muy divertido. Había gente de lo más variopinta, yendo y viniendo de una tienda a otra. Cuatro mujeres jóvenes paseaban en una especie de minitrenecito, parando de vez en cuando cerca de alguno de los comercios. Por su idumentaria árabe y la enorme cantidad de paquetes, bolsas y cajas que abarrotaban el vehículo imaginé que serían de Arabia Saudita, o Qatar, pongo por ejemplo. "Mi" gente, terminó de hacer sus compras. Una niñería comparadas a las de las chicas que me he referido. Sin salir del pueblo, fuimos a un restaurante típico americano, con una carta bien grande, un estupendo servicio y una comida excelente. Al lado de cada plato se informaba de las calorías que contenía y yo entendí entonces el motivo de que los gordos estadounidenses sean los más gordos del mundo.
                                Después de un atasco considerable, que nos hizo llegar justitas al aeropuerto -lo pongo en femenino porque el vuelo de Luis y Pablo era por la noche- llegó el momento temido de las despedidas. Como todo lo que es bueno parece que dura poco, aunque nosotros aprovechamos tan bien el tiempo que ahora no entiendo como conseguimos hacer tantas cosas.
                               Un viaje que no olvidaré jamás. Un agradecimiento que durará siempre.
                        

                                                                     The End






miércoles, 16 de agosto de 2017

Un viaje (casi) inesperado. Segunda parte: Mi hotel preferido y dos visitas en tierra.

Embarcamos en Cape Liberty el día 7 por la mañana.
El barco, de la Celebrity Cruises, me pareció, a primera vista, el mejor en que ya había viajado. Y ya lo he hecho unas cuantas veces.
Desde el pequeño (por comparación) Eagle, que nos llevó alguna vez que otra de Lisboa a Southampton y  a Tanger, viajes que recuerdo con verdadera nostalgia, y otros de mayor calado.
Nuestro Hotel por unos días.
Pero el Celebrity, si me dio esa sensación de principio, al poco tiempo de conocerlo tuve la seguridad de que todo iba a ser impecable. Instalaciones, servicios, diversión, gastronomía ¿He mencionado gastronomía? Si la tentación, como pecado, existe, es imposible no pecar. Tengo que agradecer a que no tengo apetito en el desayuno, que descubrí un pescado blanco a la plancha con verduritas, en uno de los múltiples antros de perdición que me acechaban  al almuerzo y que no tengo costumbre de merendar. ¿Por qué doy gracias?
Escultura de Fernando Botero
Pues porque con la ayuda de las suculentas y exquisitas cenas, el vino y las copitas de aperitivo y charlas nocturnas, hubiera terminado como esas criaturas que veía a mi alrededor, desde N.Y. con un peso de aproximadamente 250 Kg. Y no exagero. Nunca he visto gordos tan gordos en mi vida. Vamos, que la escultura de Botero, que había en la piscina cubierta, parecía delgadita en la comparación. Hasta llegué a ponerme  bañador sintiéndome una sílfide.
Massachusetts. Newport Mansions
El día 8 llegamos a Newport, en el estado de Massachusetts. Nuestra curiosidad se resumía en observar de cerca como vivían los millonarios de "The Gilded Age" título de la novela de Mark Twain, que viene a ser "La era bañada en oro" o, para acortar, "Era Dorada". Visitamos dos de las mansiones de recreo que pertenecieron a la familia Vanderbilt, famosa por el trabajo de su fundador, sus herencias y desherencias, luchas de poder, muertes accidentales y la desaparición de su apellido y hacienda.
The Breakers
The Marble House
Tanto que los palacetes de Nueva York, algunos reducidos a escombros y otros, como las mansiones de Newport, convertidos en museos, son la prueba de ello.
The Marble House (La casa de mármol) se construyó  siguiendo las pautas del Trianon de Versalles. Su dueño, William K. Vanderbilt, se la regaló a su esposa, Alva, como presente de aniversario. No sólo la construcción obedeció a una fascinación por la arquitectura versallesca, lo que sorprende de verdad es su decoración. Y cuando digo sorprende, no quiero decir que para bien.

Comedor de Marble House.
Era tal el deslumbramiento que le producía la corte francesa que mandó traer diversos artesanos, materiales,  cuadros, tapices...etc para conseguir su propósito de emularla. En la fotografía del comedor, un retrato de Luis XIV, el Rey Sol, preside la pared de la izquierda.
No deja de ser peculiar que después de divorciarse de William, y quedarse viuda de su segundo marido, Alva regresase a Marble House y mandase construír esa excéntrica pagoda en el jardín.
 Alva y su excéntrica pagoda

Cornelius Vanderbilt, también conocido como El Comodoro, fue el que amasó la gran parte de la fortuna familiar en el negocio de los transportes, barcos y ferrocarriles. Fue también el primero que se construyó su "casita de recreo" con vistas al océano. La llamó: The Breakers algo así como Los Rompedores (a falta de mejor traducción).

The Breakers - Biblioteca.

Sala de música. The Breakers
La opulencia, dentro de esa construcción neorrenacentista, llega al límite de adornar la sala de música con paneles de platino.
A tipo anecdótico: Una de las bañeras de The Breakers es una mole de mármol, que sólo verla me pareció que debía pesar un montón de toneladas. Para que alguien pudiese utilizarla, primero tenían que llenarla cuatro veces con agua hirviendo, vaciarla y entonces llenarla de nuevo con agua a la temperatura que considerasen apropiada. ¿Os lo imagináis?
Se me olvidaba, entre 1865 y 1920 nace y crece Wall Street. El crack del 29 llevó a la miseria a una gran parte de la población estadounidense, sobre todo del mundo rural. Los Vanderbilt perdieron 40 millones de dólares...y aguantaron.
Vale, ya me he aburrido de hablar de gentes ricas y mansiones ostentosas. No voy a decir que no me gustó conocer esa historia porque hace parte de una cultura y la cultura, aunque encierre alguna crítica, siempre enriquece. Además cogí unas ideas para mi próximo apartamento.
Y ahora...vamos a la buena vida. Volvemos a nuestra "casita" flotante y a vivir como nababos hasta llegar a Boston.
Centro financiero. Torre Exchange Place, al fondo Prudential Tower
Sólo teníamos un día completo para conocer la ciudad y había tanto que ver que, después de haber caminado bastante, tuvieron la genial idea de contratar un servicio de autobús turístico. Estupenda decisión porque conseguimos ver mucha más ciudad, en una hora y media, que por nuestra cuenta en varios días.
En esa ruta, muy bien escogida, pudimos observar los barrios de casas bajas -muy londinenses- conviviendo en perfecta armonía con los edificios más modernos.
Autobús turístico. Torre del Reloj al fondo
Recorrido (en verde) de bus turístico
Fama en Bacon Street
Boston fue una de las primeras colonias. Fundada en 1630 por los puritanos The Pilgrims. Por su origen conserva barrios cuya arquitectura es muy similar a la de  tantos otros que he visto en Inglaterra. 
Otro famoso en Bacon Street
Calle en Bacon Hill
La Vieja Casa del Estado de Massachusetts (Old State House), es uno de los edificios que más interés me despertó. Además de ser el más antiguo de la ciudad, 1713,  allí ocurrió la masacre de Boston que, según cuenta la historia, fue el detonante que llevó a la independencia de Inglaterra.  En una de las  fachadas se encuentra la estatua de Samuel Adams, líder del movimiento independentista. En la otra, la del balcón, donde se leyó la Declaración de Independencia, los símbolos del león y el unicornio, de la monarquía británica. En 1798, se construyó la State Hause, que es el Capitolio y acoge a  la Corte General de Massachusetts. recuerda, de alguna manera,  a la anterior pero mucho más imponente y cumpliendo diferentes funciones, claro. Me gusta muchísimo la simplicidad de la "vieja casa y la sobriedad de su estilo, fiel a la época. También me gusta la "nueva"que consigue conjugar  ladrillos y columnas tranquilamente.
Un balcón con historia
Old State House





Vista desde el Boston Common. El mayor de los varios parques.

La armonía en la convivencia de épocas diferentes. ¿Se nota que me encanta esta foto?

"State House Massachusetts"
Kings Chapel
Sólo hay algo que tienen las dos y que a mí, muy particularmente, no me encanta. ¿Lo imagináis? Eso, las cúpulas doradas, pero, como digo, ese  dilema con los dorados es puramente personal. 
              ¿Qué ivento! Me refiero al "Quincy Market" Tiene mucha fama y lo entiendes en cuanto te das un paseo por "Faneuil Hall" la zona donde se encuentra. Creo que allí se podría encontrar todo con lo que una persona se pueda encaprichar. Bueno, no valen lamborghinis, ni pisos en el Central Park de mi admirado New York. Otras cosas. Yo, por no ser menos, compré un imán para la nevera.
Leer y aprender inglés, gratis.
Esa parte de Boston es lo que entiendo como una ciudad viva. Las personas van de un lado para otro, mirando lo que les rodea o parándose para admirar un espectáculo callejero. Algunas lo hacen con la prisa del quehacer cotidiano, otras con la parsimonia de quien no quiere perderse nada del ambiente de las calles y plazas. No tiene nada que ver con el tipo de vida que vi en las calles de Manhattan ni con la enorme diversidad de sus gentes. Hay mucho turismo también pero, no sé si me hago entender, todo resulta más homogéneo. O me lo pareció a mí.
Llegada la hora de la comida nos decidimos por uno de los varios restaurantes, especializados en  marisco y, principalmente en ostras y langosta, aunque tengan una carta mucho más amplia donde poder escoger entre otras suculentas recomendaciones.
Una comida diferente y deliciosa.
Yo me dejé aconsejar por Luis y pedí un Lobster rolls, en la convicción de que "rolls" sería algo poco contundente. Él me aclaró que era como un bocadillo y era ¡Un bocadillazo! Rodeado de patatas fritas y ensalada. El tamaño me asustó, pero empecé a comer y descubrí
Ahí, a la izquierda, el "Quincy Market"
Calle en el centro financiero
uno de los manjares mas deliciosos que he probado. La abundante langosta troceada, fresquísima y sabrosa. No probé los acompañamientos porque he de confesar que el tal Lobster Rolls llena lo suyo, mas lo recomiendo desde aquí, segura de que me lo agradeceréis.
             Me gustó muchísimo esta ciudad. Cómoda para el visitante y seguro que para quien la vive. Supongo, porque no hubo tiempo de comprobarlo, que es también culta. Cuenta con importantes Universidades, como Harvard, y grandes Institutos que abarcan una gran variedad de estudios, tecnológicos, financieros, artísticos...
Symphony Hall. Sede de la Orquesta Sinfónica
Instituto Tecnológico de Massachusetts
                 Voy a dejar Boston contando la única cosa que no me gustó, pero tengo que reconocer que sólo vi una parte desde el bus. Esta foto -permitida- da una idea más general. Lo he comentado al regreso con alguna persona que ha estado allí y  he obtenido bastante discrepancia. Bueno, como diría alguien que conocí ¿Qué sería del azul si no existiese el amarillo? Lo que viene a ser "Contra gustos, no hay nada escrito" O, ya que me estoy despidiendo de esta 2ª parte, pongo lo clásico, como la Sede de la Orquesta Sinfónica de Boston, al lado del hipermodernismo (según mi criterio) del Instituto Tecnológico de Massachusetts cuyo autor es Frank Gehry. Y, mirando las fotos juntas, la comparación es completa y llanamente imposible. Vuelvo al azul y al amarillo.
Y creo que, mirándolo mejor, la despedida de Boston tiene que ser así, con sus iluminados contornos. La noche cae sobre la tierra y el mar. Así lo vimos y así lo immortalizó Pablo.

Bye Bye, Boston. Una ciudad elegante.