Es verdad.
Hoy cumplo tantos años que me parece que les voy a perder la cuenta. Total ¿Para qué contarlos? A veces me parece que viví dos o tres vidas otras, y esas son las peores, que todo transcurrió en un instante. Tan rápido que siento que la vida es una gran timadora. Que con artes, que sólo ella sabe utilizar, te va llevando a su ritmo, bailando el baile que ella dirige y del que, sepas o no la música, tienes que moverte a su son.
Pero...saltándome esta prosa tan literaria y manida con la que he comenzado y haciendo un ejercicio de sinceridad, por lo tanto abandonando el pudor de la intimidad, he de admitir que la Vida, ahora sí con mayúsculas, ha sido muy benévola conmigo. Me ha dado abrazos amorosos que perduran. La certeza, sin falsos complejos, de sentirme amada. Cariños antiguos que son amarras seguras donde me siento protegida y que tienen el valor inestimable de la permanencia. Cariños nuevos en los que me miro y aprendo un poco cada día.
Me ha dado lágrimas de pérdida, dolor, desconsuelo. Me ha dado añoranzas de caricias que, por lejanía geográfica, no puedo dar ni recibir. Me ha dado rabietas -políticas, por ejemplo,- pero reuniendo todos los ingredientes a esa masa madre con la que me forjaron y con lo que he vivido tengo que anunciar a todos los que amo, y me aman, a todos los que respeto, y me respetan, que mi Vida valió la pena y que mi corazón continúa siendo esa gran pensión llena de cuartos en donde cada una de las personas que estimo tienen su cama y, si se tercia, una comida diaria.