lunes, 28 de noviembre de 2016

Una historia diferente.


Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire
recítame un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre
decidme como es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo
Aún las noches se perfuman de enamorados
que tiemblan de pasión bajo la luna
o sólo queda esta fosa?
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa
22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,
no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario.

Esta es una poesía de Marcos Ana 

Hace tan solo cinco días murió, a los 96 años, Marcos Ana. 
Cuando su nombre ni siquiera existía para la gente "normal" que vivía (vivíamos) dentro de un sistema amurallado, sin sospechar lo  que ocultaba, él escribía este poema y muchos otros. Porque 23 años de cárcel dan para mucho pensar. Porque la espera de la muerte, con fecha anunciada, da para mucho sentir. Dos veces condenado a la pena capital. Espera. Dos veces conmutado. Espera. Y un día algo cambia, se le abren las puertas hacia lo que perdió a los 19 años. Se acaba la espera. 
Todos le preguntan, todos quieren conocer los nombres de quién le traicionó, quién le torturó.  Marcos Ana calla. Y, más tarde, confiesa algo que parece inexplicable; no siente rencor porque no vale para nada. No habla de aquellos que le torturaron porque no quiere herir a sus familias .
Y yo, haciendo acopio de todo lo que aprendí, después de haber pertenecido al rebaño "normal", respeto a este hombre inteligente, honesto y cabal. Admiro a quien el odio podía haber vencido y no lo hizo. Amo al poeta, capaz de escribir con un tizón en la pared de la celda, versos como éste.
Nos encontramos en tus letras, amigo Marcos.

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