Creo que tengo un carácter amable, a veces divertido, incluso jocoso cuando la ocasión lo proporciona. Pero, aunque no lo quiera, vivo en un mundo que no me deja permanecer ajena. Hacerme la "longuis", como si no fuese nada conmigo. Está ahí, en forma de intereses que no me interesan. En prioridades que no priorizo. En oscuridad que mi alma rechaza. Pero está ahí acechando, ya sin subterfugios, a las claras del despudor, del que todo puede porque sí, de la desvergüenza.
Hoy no voy a ceder al enfado. No voy a hablar más de la rabia, del desasosiego, de la repugnancia que me aflige. Huyo de estas letras que quieren salir solas, sin control. Otro día. Porque para nuestra desgracia habrá otros días, tal y como se presenta el panorama...
¿Cuál es la forma de abrigar mi corazón enojado?
Vale, lo habéis adivinado.
Ese resquicio de esperanza que me da siempre la poesía. Esta vez es un poema de esa persona de quien ya os he hablado. David Rodrigues. El que escribe Haiku y no es japonés. A quien llamo mi mejor amigo aunque nunca se lo haya preguntado.
E ela disse:
-Tenho os olhos cansados de ver.
E parou a olhar para longe.
Espero a noite, não a noite do fim
mas a noite da paz.
Espero o silêncio
como quem espera a cura e o pão.
Preciso de des-cansar
E voltar livre e limpa
Como se tudo o que agora é velho
virasse uma surpresa nunca vivida.
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