viernes, 18 de marzo de 2016

Hablaré de Asia

Hoy todavía no.
Volvía yo con ganas de contar esta nueva experiencia, este viaje excitante por lo nuevo, encantador por la compañía, enriquecedor por las nuevas culturas que apenas atisbé y no fui capaz. No soy capaz.
Creí, como si fuera un cuento de hadas, que a mi vuelta algo habría cambiado. Que Europa volvía a ser la Europa del humanismo con la que contaba. Que las gentes que viven entre el lodo, el frío, la amargura y el cinismo de los pueblos ciegos, encontraron cobijo. Quería yo, soñaba yo, con algo que ya parece imposible.
Por eso, no puedo contar mis alegrías mientras en mi retina se han grabado los rostros de esas gentes que parecen no ser hermanos de nadie. Ni hijos de nadie. Ni nadie.

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