Para que la gente no piense que la vida a bordo es sólo una fiesta -que también- voy a iniciar esta tercera fase que, aunque suene a película de Spielberg y haya momentos mágicos, no me permitió ver a ningún extraño visitante. Una pena. Lo hago con estas fotos maravillosas de mi querido Pablo Martín Ávila. Momentos mágicos, como os digo.
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| Ocaso en el Atlántico |
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| Noche de nubes densas. Al fondo Hamilton (Bermudas) |
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| Luar -luz de luna- sobre el mar. | |
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| Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar. |
Tenía que poner las fotos así de grandes para poder compartir con vosotros lo mucho que me gustan y lo que aún hoy mantienen en mi recuerdo. Sugieren esos momentos en los que uno deja el pensamiento volar libre, sin caminos preconcebidos. En realidad, casi sin pensamientos. La vista perdida en imágenes, que sólo se pueden exteriorizar respirando hondo. Sin palabras. Apenas respirarlas, e intentar guardarlas para siempre, en ese extraño álbum de recuerdos especiales que nos acompaña toda la vida.
El día a día en un gran barco de crucero es más que animado. Si uno pretende asistir a todos los espectáculos, programas de entretenimiento...etc no hace nada más y nosotros no nos prodigamos mucho en las diversas atracciones. Al teatro fuimos dos veces; una para ver a un grupo femenino de cuatro cantantes. Buen repertorio y voces que olvidaban el servicio de los micrófonos, quiero decir; gritos. No nos gustó a ninguno. La otra fue una sorpresa bien agradable. Se trataba de un ballet, muy bueno, que interpretó música de películas. Nos hicieron pasar un buen rato. No voy a contar que mientras ves el espectáculo, en una mesita individual te han servido la bebida de tu preferencia. ¡Ups! lo conté.
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| Empieza la función |
Tengo que ir a un psiquiatra para que me quite la manía de que soy rica. Para mis amigos: que no, que estoy de broma... Vaya, qué facilidad tengo de meterme en jardines...
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| Aperitivo antes de cenar |
Una noche, nos sumamos los cinco a una fiesta, creo que desconocida para todos. Trataba de ponerse unos cascos luminosos que cambiaban de color dependiendo de la música que escogieras, pudiendo mudarla, cuando y como te apeteciese.
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| Manhattan y recadito en el hielo |
Resultaba muy divertido ver a las personas bailando con ritmos diferentes. Yo opté por dejarla siempre en los años 60, con pánico a que me sorprendiese un reguetón, pongamos por caso.
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| Fiesta de ritmos y colores |
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| Mª José, el baile más cómodo |
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| Luis y yo escuchando lo mismo |
Antes de cenar tomábamos un aperitivo en el bar que más nos gustó para ese momento.
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| Pablo y yo idem |
Me enamoré (profesionalmente hablando, que todo hay que explicarlo) del barman principal. No voy a conseguir definir lo que hacía con seis cocteleras de diferentes contenidos, seis copas en línea recta en la barra y toneladas de habilidad. Y, como no consigo explicarlo, imaginad que era como un juego de manos de un expertísimo mago. En esa barra de hielo envié un saludo a mis niños. Uno de ellos pensó que era arena de la
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| Mucha gente con música de 60's ¿Por qué será? |
playa...¡Ohhh!
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| Maria entró en la fiesta |
Y ahora, un momento para las cenas. Pablo, tuvo clara la entrada del amplio menú desde el primer momento; Escargots a la Bourguinonne. ¡Casi todas las noches! Algún día me da un ataque y los pruebo. Los demás, que no lo teníamos tan claro, probamos de todo y todo era...delicioso!
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| Nuestra mesa en el piso superior |
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| Ese ventanal ejercía magnetismo |
Y, no voy a continuar contando nada sobre esos manjares porque no me gusta hacer comparaciones con mi gastronomía habitual, así de simple.
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| ¡Qué buenos recuerdos! Chicos, valéis mucho. |
Guardo, como algo muy agradable nuestras conversaciones. Cuando la noche había caído sobre el mar. Cuando en un piano bar la música se hacía susurro y nos acompañaba en una copa y charlas serenas. Conversaciones interesantes que, hoy en día, es una de las cosas que más me complace. Y, lo mejor, cada uno con su propia percepción de las cosas, puede que, en algún caso antagónicas, pero nada impide hacer ese ejercicio (creo que inteligente) de llegar a un punto de encuentro. De respetarnos y, que sea de lo que sea que se hable, poder entendernos. Sin intentar cambiar al otro. ¡Bravo por nosotros! Un matrimonio joven, Luis y Pablo, de charla con una casi anciana -aunque dentro viva otra jovencita- y pasárnoslo tan bien.
Y, trás dos días de navegación, llegamos de nuevo a tierra. Bermudas -que no sé por qué en inglés le quitan la S y la convierten en una pieza única en el medio del mar-
Está en pleno Atlántico; es un archipiélago con 150 islas de coral. Territorio británico de Ultramar y Comunidad del Caribe. Pero ¿de dónde le viene el nombre? Pues de un navegante español llamado Juan Bermúdez quien, al parecer, no le dio demasiada importancia.
Nosotros estuvimos en La Gran Bermuda, ahora sí, porque es sólo una y tiene una forma de lo más extraña. Como un anzuelo, o un garabato (en su acepción de gancho para colgar). Pasamos allí dos días que aprovechamos de la mejor manera.
Primero, conocer la capital: Hamilton. Desde el barco me gustó lo que vi. Casas blancas, o de colores muy claras, asomando desde el verde de su espacio al azul del espacio de todos.
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| Bonita vista desde el mar. |
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| Hamilton. El Ayuntamiento |
Nada más salir del ferry nos encontramos con una de las ciudades más pintorescas que he conocido. Utilizo el adjetivo pintoresco porque es como estar en una localidad de la costa inglesa (aunque me pareció más bonita de las que he visitado). Aderezada con un "no se qué" caribeño. Tal vez sea por la proximidad.
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| ¿Alguien duda de quién manda aquí? |
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| Front Street. Avenida frente al puerto. |
No tiene la temperatura del Caribe, ni la musicalidad del Caribe, ni el aire romántico del Caribe pero a mí me recordó al Caribe. Muy ordenado, muy "british", pero me lo recordó.
Estuve leyendo que los ingleses defendieron sus posesiones en ese mar, que acabo de repetir un montón de veces, desde Bermudas.
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| Parque Central |
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| Astillero Naval Real |
Conozco los pantalones llamados bermudas, ¿quién no? Lo que para mí fue una sorpresa es que el traje normal en la isla es Chaqueta, camisa social, corbata y...bermudas. Hablo de aquellos caballeros, con pinta de profesionales cualificados y maletín en mano. Reconozco que me quedé mirando, con disimulo, a un par de ellos porque me gustó el atuendo y porque, además, eran guapísimos.
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| Calle comercial |
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| Noche en Bermudas, naturalmente. |
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| Cathedral of The Most Holy Trinity |
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| Dockiards Beach, al sur de la isla. |
La primera playa que visitamos fue Dockyards beach. Tiene importantes formaciones rocosas, como protegiendo la bahia por los lados y una arena fina y blanca, con tonalidades rosa según dice mucha gente. Se encuentra cerca de la Royal Naval Dockyard, que fue la base principal de la marina de guerra en el Atlántico occidental. Sobre esta base militar británica, existen un sinnúmero de episodios bélicos para quien le pueda interesar. No es mi caso asi que vuelvo a la playa:
Y, con sinceridad, no sé para que vuelvo. El recuerdo más vivo de ella me llega en forma de ola. Me cogió, me zarandeó repetidas veces y me enarenó como si yo fuese una colosal croqueta. Seguramente estoy exagerando un poco. Eso es cosa de mi temperamento. Pero, cuando vi ante mí la mano salvadora de Luis, me agarré a ella como un naúfrago se agarra a una tabla, ¡qué imagen tan vista! pero vale para el caso. Me salvó de convertirme en el mayor empanado del mundo y voy a estarle agradecida durante toda mi vida.
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| Horseshoe bay. Desde Hamilton, caminando. |
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| "Chiringuito" en Horseshoe bay |
El día siguiente, ni tuvimos que coger bus ni nada. Salimos del ferry y en una agradable caminada llegamos a Horseshoe bay, que es otra playa mucho menos agresiva.
Al menos el rincón que elegimos
¿Se me nota que no soy muy playera? Conste que amo el mar pero desde dentro. Puede ser en un barco enorme, mediano o pequeño. Sé de lo que hablo porque los mejores veranos de mi vida los pasé dentro de una barquita con un motor de 2,5 caballos. Aparte de ser ruidoso, se paraba donde le daba la gana, pero nos descubrió lugares maravillosos que, seguro, se habían escapado de la Odisea.
Y ya me estoy yendo por los cerros de Úbeda (algún día tengo que entender mejor esta frase) A lo que iba, esa parte de la playa era como un lago, resguardado por un fuerte y alguna buena roca al lado contrario. Tanto uno como las otras la mantenían protegida del viento. Sin olas amenazadoras me lo pasé muy bien.
No me resisto a contaros una anécdota alcohólica:
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| Dark to try one |
En el chiringuito que veis en la foto, anunciaba una bebida ¡¡¡PELIGROSÍSIMA!!!
Aceite de tiburón. La bebida más fuerte del mundo. Atrévete a probar uno. Estuvimos atentos a ver si alguien la pedía. Preguntamos que ingredientes llevaba, nada. Desde luego, no intentamos probarla. Sólo con mirar a la chica del anuncio...
Y llegó el momento de despedirme de nuevo de un lugar que hasta entoncas desconocía. Esto es como enseñar a un niño pequeño un pirulí y retirárselo al primer lametón. Pero, esto de ser adulta es lo que tiene. Darte cuenta de que no tienes el don de la ubicuidad. Que no puedes estar en todos los sitios que te gustan al mismo tiempo. Ni siquiera conocerlos en profundidad. Porque el tiempo tiene la manía de que puede todo, atrás, adelante, antiguo, moderno, ayer, hoy...para mí que le falta elasticidad y es poco creativo. Y es que no sé a quien reclamar.
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| Hotel, restaurante, pub Henry VIII |
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| Clock Tower. The Royal Naval Dockyard |
En el camino de regreso al ferry, que nos llevaría a bordo del Summit -sí porque no os había contado el nombre del barco todavía- Iba pensando en lo afortunada que soy. Hago viajes que, hace unos años atrás, pensé imposibles. Porque entre las "saudades", la economía y la salud así lo vaticinaban.
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Puerto y casas de la Front Street
La estela nos va separando de tierra. Dos días en el mar. |
De repente, tanto me encuentro en Italia, Grecia, Portugal, Singapur, Vietnam, Tailandia, como en Venezuela, Brasil, Estados Unidos y Bermudas. ¡No hay como no sentirse afortunada!
...Teníamos dos dias para disfrutar el placer de la navegación, hasta el regreso a N.Y. y los disfrutamos. Una tarde, en el medio del mar, nos sorprendió una, aparentemente pequeña, nube negra, que desaguó en la cubierta donde nos encontrábamos, como si fuese grande. Otro recuerdo divertido.
Después...eso. Aprovechamos las buenas cosas que ofrece esta forma de viajar y nuestros gratísimos ratos familiares.
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| Maria "chinchando" Estupenda sonrisa. |
Sólo queda recordar algunos magníficos momentos de este viaje inolvidable, con las fotos de Pablo y, alguna que otra explicación.
Maria; como todos los que la queremos, que es el resto de billones de habitantes del planeta, inventó un idioma nuevo. Pienso hacer un diccionario, si me llega la vida para traducirlo pero...¿a qué?- Ejemplo: "chinchar" viene del "chin-chin" publicitario. Ella lo convierte en verbo y todos chinchamos con ella, de un modo tan pegadizo que, por mi parte, no pienso cambiar.
Los terapeúticos chorros de agua de la piscina cubierta. Eficaces para cualquier dolor muscular, una verdadera gozada.
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| Hora de la cena. El menú insuperable. |
Dos días más. Dos noches más. La pena de lo que va llegando el final.
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| Maria, yo y nuestro aperitivo helado. |
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| Charla animada. ¿Arreglando el mundo? |
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| Piscina cubierta, templada y con fuertes chorros de agua. |
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| Madre e hijo. ¡Qué pareja más guapa! |
Todos los que me conocen saben, porque no me canso de informarles, que si alguna vez me pierdo hay un lugar donde no vale la pena buscar. Un Centro Comercial o cualquier cosa que se le parezca. Pues el último día del viaje estuve en el mayor que ni siquiera hubiese imaginado. Y, tal vez porque no conozco mucho el tema, éste me pareció algo único y digno de una referencia especial.
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| Outlet Woodbury Common. New York |
Outlet Woodbury Common. Creo, porque no lo sé seguro, que ese nombre es algo genérico y que hay en muchos sitios. Este está a unos 90 Km. de Nueva York. Un valle, rodeado de montañas como debe ser, si se quiere llamar valle. Ocupado por un pueblo precioso. Chalecitos, avenidas, plazas, fuentes...etc, vaya, lo que es un pueblo. Pero en este caso los preciosos chalecitos son tiendas de marcas famosas. Nombres como Chanel, Gucci, Calvin Klein, Ralph Lauren...y tantos etcéteras que necesitaría un día entero para nombrarlos.
No entré en ninguna casita. Pero no di el tiempo por perdido. Me senté en un banco de una pequeña plaza y desde allí me dediqué a observar, aparte de hacer de escolta de las bolsas que iban llegando. Resultó muy divertido. Había gente de lo más variopinta, yendo y viniendo de una tienda a otra. Cuatro mujeres jóvenes paseaban en una especie de minitrenecito, parando de vez en cuando cerca de alguno de los comercios. Por su idumentaria árabe y la enorme cantidad de paquetes, bolsas y cajas que abarrotaban el vehículo imaginé que serían de Arabia Saudita, o Qatar, pongo por ejemplo. "Mi" gente, terminó de hacer sus compras. Una niñería comparadas a las de las chicas que me he referido. Sin salir del pueblo, fuimos a un restaurante típico americano, con una carta bien grande, un estupendo servicio y una comida excelente. Al lado de cada plato se informaba de las calorías que contenía y yo entendí entonces el motivo de que los gordos estadounidenses sean los más gordos del mundo.
Después de un atasco considerable, que nos hizo llegar justitas al aeropuerto -lo pongo en femenino porque el vuelo de Luis y Pablo era por la noche- llegó el momento temido de las despedidas. Como todo lo que es bueno parece que dura poco, aunque nosotros aprovechamos tan bien el tiempo que ahora no entiendo como conseguimos hacer tantas cosas.
Un viaje que no olvidaré jamás. Un agradecimiento que durará siempre.
The End
Maravilloso relato y maravillosas vidas de Luis, Pablo y demás familia.
ResponderEliminarDesde Galicia con gran cariño.
No se quien eres Enrique, pero te agradezco el comentario en mi blog. Un abrazo.
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