sábado, 30 de abril de 2016

Un viaje imprevisible (final)

De nuevo en Singapur.
En las horas finales me doy cuenta de que supo a poco.  Que debía haber hecho algo
 más de esfuerzo para subir aquella escalinata, caminar un poco más, preguntar más. Inyectarme, no sé como, más juventud entusiasta. Pero valió la pena ¡Vaya si la valió! Conocí lugares que jamás soñaría conocer. Navegué por primera vez el océano Índico, sintiéndome como los primeros occidentales del siglo II a.C. Conviví más intensamente con personas que quiero mucho e inicié una nueva amistad con otras que apenas conocía. Me siento una persona AFORTUNADA y a aquellos a quienes dedico estas mayúsculas, seguro que se  dan por enterados
Atención a la originalidad "Un hotel de 5 estrellas en el mar"

Los barcos de la Princess Cruises ofrecen todo lo que una persona puede desear en unas vacaciones compartidas. Y no hago más publicidad. Es verdad que, con tantos y tan diversos ambientes, difícil sería no encontrar uno para sentirte bien. Incluso el de la buena soledad, ante una exuberante puesta de sol que te emociona y te reconduce a los mejores momentos de la vida. Sobre las "comiditas" mejor no hablar. Si existiese el pecado... Espectáculos, risas, "buen rollo". Y después de cenar,  una copa, en cualquier pub con música. Algunos estirábamos  la noche  charlando, que es uno de los grandes placeres de la vida, cuando los interlocutores son tan interesantes como los que me acompañaban.
Una de las numerosas cascadas 
En casi todas las clasificaciones internacionales, Singapur aparece liderando varias categorías; ciudad más limpia, mejor aeropuerto, PIB, sólo superado por Suiza, ah! también consta en algunos rangkink como la más cara del mundo. Voy a aprovechar estas informaciones para incluir aquí otro de los liderazgos de la ciudad, su jardín botánico. Patrimonio de la UNESCO. Allí pasamos una buena parte de nuestro último día. 
Túnel de flores
Por todo el parque se ven cascadas de los más diversos tamaños y alturas. Detrás de algunas de ellas, un largo pasadizo permite el acceso a los visitantes.
Agua por todos los rincones
El Parque, que se inauguró  en 1859, tiene 64 hectáreas, dos lagos y abriga 60.000 plantas diferentes. Desde 1921 cuenta con un museo botánico. Es imposible enumerar todo lo que ese inmenso jardín ofrece a nuestra admirada curiosidad. El tiempo, por desdicha, no es elástico así que iré resumiendo. Un lago, llamado   de los Cisnes, por su magnífica escultura central, es hogar de numerosas especies de peces y plantas acuáticas. En el medio de otro lago se encuentra el auditorio de música sinfónica. No se me ocurre mejor lugar para dejar fluir nuestro espíritu romántico.
Árboles viejos, árboles nuevos. Os preguntaréis qué quiero decir. Me explico: compartiendo espacio -con las necesarias distancias- vemos un bellísimo y viejísimo árbol y la continuación (o conclusión, no lo se) de un proyecto muy interesante. Sobre el primero, ni una palabra. Los árboles, para mí, son algo más que un exponente del reino vegetal. Yo amo a los árboles.
La Vida
La otra Vida
Pero, el segundo caso es, sin la menor duda, una de las mejores ideas que he conocido en los últimos tiempos. Unos gigantescos "árboles" de 50 m. integrados (lo mejor posible, esto es cosa mía) en el entorno natural. Durante el día juegan a ser normales y protegen del calor ¡y qué calor! con su sombra. Durante la noche, gracias al conocimiento humano, que a veces me parece magia, son pantallas con células solares que generan electricidad y tecnología hidráulica. Esto es, que riegan a sus congéneres nominales y lo que les rodea y REDUCEN  EMISIONES DE CARBONO -esto tenía que escribirlo en mayúsculas porque se ha convertido en uno de los temas principales de mi vida-
 Dejamos por último la visita a uno de los mejores orquidiarios del mundo. Sólo allí, de haberlo visto medio bien, hubiéramos necesitado todo el día. La orquídea es la flor nacional de Singapur y Pablo quiso rendir su homenaje fotográfico.
La orquídea es la flor nacional de Singapur

Después de este recorrido, no tan extenso como se merece el Botanic Gardens, y mucho menos de lo que María hubiera deseado, llegamos bastante cansados al hotel. Justo a tiempo de resguardarnos, ya cómodamente sentaditos, de una lluvia de esas que solamente en Brasil pude disfrutar. Como diría Obelix, de las hacen que el cielo caiga sobre nuestras cabezas. ¡Momento saudades!
Me está dando un poco de pena dejar este rato del viaje. Quedan cosas que contar, claro que sí, pero hay algunas que prefiero guardar en la intimidad del recuerdo. Esas, tienen que ver con la compañía, con las anécdotas, con el cariño. Puse pocas fotos del grupo, ya lo se, pero es que en casi todas estaba yo y...¡no me soporto! Nada de rollo psicoanalítico, nada que no se  curaría en una buena y prolongada temporada en Koh Samui, por ejemplo.
Tengo que terminar, pero lo voy a hacer con unas fotos (que me permiten copiar) del más increíble aeropuerto del mundo.




Parece que estoy haciendo publicidad del Aeropuerto de Singapur. Para nada. Es que me quedé
como una pueblerina de cualquier región, de cualquier país, que nunca hubiera salido más allá de los pocos kilómetros cuadrados de su entorno. Tampoco es que me crea Marco Polo pero, algún aeropuerto del mundo he conocido. Ninguno como  el de Changi. No vayáis a pensar que lo que me entusiasmó fueron, sólo, las instalaciones, los excepcionales servicios, la grandiosidad, el enorme desarrollo de su infraestructura, no. Lo que me encantó, una vez más, fueron las personas. La amabilidad, la sonrisa, el buen hacer, eso no lo justifica solamente un buen salario. Creo que es algo innato en esa gente bella y, diría que característica,  del trozo de mundo que habitan.


Y ya en tiempo de prórroga, me viene a la memoria Francia, Indochina...etc. (muchos etcs. ) y pienso que nada modifica la "genética espiritual" de las gentes.
Vale, ya me callo.




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