jueves, 28 de enero de 2016

Donde dije digo...



Ya lo sé.
Prometí (más o menos) que no hablaría de política. No quiero faltar a mi palabra pero, cuando la di, estaba pensando sólo en temas nacionales…que ya nos vale. Sin segundas, voy a explicarme. 
Cuando entro en conversaciones personales de alguna red social como facebook, la cosa funciona así; Sólo me permito comentar lo que ocurre en los países de los que soy ciudadana legal, Portugal y España. En ambos me siento con el derecho de emitir mi opinión como me venga en gana. A veces tengo que morderme la lengua…¿la lengua? Bueno, la tecla, porque me dan ganas de liarla parda. Naturalmente que toda regla tiene su excepción, en este momento pienso en el inefable Donald Tramp…(se me ocurrió, sin más)
Pero, estos países ibéricos pertenecen al mismo club que otros 26 con lo que su soberanía nacional no es propiamente una SOBERANÍA NACIONAL, vamos digo yo. Y ya me estoy liando. De lo que quiero hablar es de la respuesta que este club está dando al angustioso éxodo de los refugiados. Los hay que emiten leyes vergonzantes, los hay que apoyan de palabra esas leyes y los hay que disimulan, mirando hacia el lado.
¿Por qué se formó la Unión Europea? No voy a explicar aquí lo que todos sabéis. Sin embargo, es bueno recordar que, aparte de evitar nuevos conflictos bélicos, el tratado del carbón y el acero…etc.etc. De forma implícita había un mensaje de tolerancia, democracia y paz. En fin, una Europa humanista, de diálogo. Esa Europa fue creciendo en miembros y alcanzando éxitos en sus mejores proyectos. Pero, con el tiempo, los 28 países el único interés que compartimos es el económico y, me atrevería a decir, ni eso. Yo no siento la UE como una Comunidad en que los ideales, la paz y el bienestar tengan ya cabida. Y en lo que respecta a la economía, me remito a las últimas elecciones griegas.
Hoy, cientos de miles de seres humanos se encuentran en un limbo de olvido. En el medio de países de esta UE insolidaria, con bajas temperaturas y sin techos decentes donde acogerse.
Hoy, la ultra católica Polonia, se olvidó de quien era Cristo y vio en sus semejantes un peligro a mantener fuera de sus fronteras. Hungría, no quiere recordar sus propias emigraciones y pone al ejército guardando las vallas del horror. Alemania, echa  marcha atrás presionada por la masa que teme perder, no se sabe qué. Pero lo que más me ha impresionado, por inesperado, es la ley que aprobó el gobierno de Dinamarca, por la que se confiscan a los refugiados objetos de valor y dinero, a partir de 1.340€.
Dinamarca sí. Tal y como suena. Y mi admiración por los países nórdicos europeos, ha disminuido en un tercio.
Para finalizar: desde Bruselas hubo quien responsabilizó a Grecia por no guardar sus fronteras. ¿Se han vuelto locos?  



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