miércoles, 20 de enero de 2016

Me voy aclarando


No me he explicado todavía la motivación que me llevó a iniciar un blog. Sobre todo porque para mí es como un extraño camino, del que desconozco los mecanismos para lograr que me conduzcan a alguna parte. Pero, en un momento en que esta cabecita pensadora no pensaba, me asaltó un recuerdo a modo de pista. Un recuerdo muy antiguo que os voy a contar. Prometo brevedad. Lugar: Las Navas del Marqués (cuando era un pueblecito pequeño) Tiempo: Agosto de...mejor no lo digo. Personajes: Mi hermano, una señora rara, un perrillo, espeluzado, nervioso, feo y yo. La señora rara salía todas las mañanas con su acompañante, atrapado en una correa que debía molestarle porque no paraba de cabecear. Demasiado arropada para la época y siempre con una pamela de paja tan grande que su sombra recordaba a una plaza de toros, bueno, aquí exageré un poco. Hasta ahora todo parece normal, ¿a qué sí? Pues no lo era. La señora arropada hablaba sola. Nosotros, a pesar del miedo de que fuese una loca peligrosa, la seguíamos a una distancia prudente intentando escuchar lo que decía. Descubrimos que también mantenía diálogos con gentes invisibles. Discusiones acaloradas, consejos de jardinería e, incluso, largas conferencias en las que exponía puntos de vista que, como es natural, no entendíamos. Vuelvo a la actualidad y ahora tengo que confesar algo. También hablo sola. Igual que ella entablo largas conversaciones con personas invisibles y, lo único que me diferencia de aquella señora rara que preocupó mi infancia es que no tengo un perrillo espeluzado, nervioso y feo. 
Creo que esto es una buena pista para saber por qué inicié un blog.


No hay comentarios:

Publicar un comentario