Cuando se tiene una idea para un cuento, se escribe y se guarda para uno mismo, lo damos por terminado y...a otra cosa. Pues a mí me está ocurriendo algo muy diferente. A medida que pierdo el pudor de enseñarlo a los demás, él solito (el cuento) se va modificando y donde era angular se hace redondo, o viceversa. Voy cambiando cosas y, espero que al terminarlo no me dé con un canto en los dientes. ¡Caray! quien se inventó eso del canto no debía estar muy lúcido.
Hasta mañana, gente buena.
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